NO ÈS CASUALITAT

No ès casualitat que la falzia s’amague al costat de un brollador petit, fresc i humit.
Els cabells de Venus com també son conegudes les falcies, ostenten vivenda luxosa, petita i amagada al costat de algunes fonts.
Al contrari que altres falagueres mes ampuloses que extenen els seus braços entrellaçant-se unes i altres, cobrint tota la ladera i perdent la seua individulitat, la falzia roman discreta, pot ser aclaparada per la luxuria que l’envolta. Aquesta planteta a ran de terra no te consciència de grup, creix una per aquí, altra per la banda de dalt, sempre a la vista de la font que la nodreix. En recondits ullals de les muntanyes i amb la molsa per companyia mès propera, es fa present als ulls curiosos amb la luminositat necesaria. Ni poca, ni molta.
Però la seua aparent insignificancia no impedeix que la suau brisa del barranquet o el corrent d’aire que s’arremolina al costat de la caiguda de l’aigua, provoque un moviment ondulant de les fulles suportades pels oscurs fils de les seues branquetes que botanicament són rizomes.
No és casualitat que siga flexible, deixant resbalar l’aigua sense mullar-se, animant-la a continuar el seu camí.
En són moltes les falcies que pasen desaperçebudes als ulls distrets, tan sols qui las cerca, atent a l’interior del seu bosc les troba en el lloc mes profund. És com la nostra essència mes amagada que de sobte i entre boires, te presencia i ens converteix en nosaltres mateixos.
Per aixó, no ès de cap manera casualitat, trobarse amb elles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto:Teresa Casquel
Fotos: Guillermo Fau

AVE VALENCIA-MADRID: DIÁLOGOS SOBRE EL TERRITORIO Y ESCENAS DESDE EL TREN.

Isabel Bonig, Consellera de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana, presidió el pasado 19 de Diciembre en la estación Joaquín Sorolla la  presentación del libro que su departamento ha patrocinado para conmemorar el primer aniversario de la inauguración de la línea de alta velocidad entre Valencia y Madrid.

Inmaculada Aguilar Civera, Directora de la Cátedra Demetrio Ribes de la Universidad de Valencia, ha sido la coordinadora de una obra que trata sobre los atractivos y particularidades paisajísticas, productivas y culturales de las sucesivas comarcas que atraviesa el rápido tren desde el embalse de Contreras, linde con Castilla La Mancha, hasta la finalización del viaje en la ciudad de Valencia. Tras el prólogo de la Consellera, en el primer capítulo Inmaculada describe los paisajes de la ruta y la historia de los transportes entre la Meseta y Valencia para, a continuación, dar paso a los ingenieros y catedráticos que han desarrollado su labor descriptiva viajando en sentido descendente hasta finalizar en Valencia, capital cuya amplia cultura urbana y metropolitana ocupa 47 páginas, casi la cuarta parte del libro.

Mención especial merece la información gráfica, en la que además de históricas imágenes, planos y mapas, destacan espléndidas panorámicas, incluso a doble página ( 60 x 21 cm.).

                                                                                   Esteban Gonzalo

 

LA AVPYETUR PROPONE OTORGAR EL PREMIO CAVANILLES 2011 A LA PROTECCION DE LA ALBUFERA DE VALENCIA. Por Francisco Gregori

La cuenca hidrográfica de La Albufera se ubica entre las de los ríos Turia, al norte, y Júcar, al sur[1], con una superficie de 917 km2, de una altitud media de alrededor de 150 metros. La profundidad del lago es escasa, con una media inferior a los 80 centímetros, aunque en algunos puntos llega a alcanzar los dos metros.

Ya en la época romana, el lago y su entorno, con más de 30.000 hectáreas, gozaron de especial admiración por su paisaje, vegetación y fauna. El rey Jaime I anexionó La Albufera y su Devesa al Patrimonio Real, y durante la Edad Media todos los monarcas propiciaron su protección, reservándose el dominio y prohibiendo expresamente su enajenación. El lago y su entorno sólo dejan de pertenecer al Patrimonio Real desde 1708 por la cesión de Felipe V al Conde de las Torres, hasta la recuperación por Carlos III en 1761, y por el regalo de Carlos IV a Manuel Godoy, hasta 1808. En ésta época la superficie del lago era de 13.972 hectáreas (cinco veces superior a la actual).

En 1873, por aplicación de las leyes desamortizadoras, el lago y su entorno pasaron a ser Patrimonio del Estado, y desde entonces se produjo un proceso de deterioro por la dejadez del Estado, que propició las apropiaciones de superficies lacustres por particulares, mediante aterramientos incontrolados para ganar terrenos agrícolas. En este desafortunado período, el lago sufrió una notable reducción, pasando de 8.130 a 2.896 hectáreas, en beneficio de la ampliación de la superficie del arrozal. Este fue el primer gran proceso de actuación negativa del hombre para La Albufera, pues hasta entonces la protección de que había sido objeto por parte de la Corona había permitido el mantenimiento de sus condiciones naturales.

Ello determinó que los responsables municipales intentaran conseguir la titularidad de la laguna, siendo la primera solicitud de mayo de 1905. Ley de 23 de junio de 1911, de las Cortes Generales, dispuso la cesión en propiedad, por parte del Estado, de la laguna de La Albufera y del bosque denominado La Devesa de La Albufera, al Municipio de Valencia, por el precio de 1.072.980 pesetas (921.819 pts. por la laguna y 151.160 pts. por el bosque). Dicha cesión se materializó el 28 de mayo de 1927, y en 1959 fue inscrita en el Registro de la Propiedad a favor del Municipio.

El Municipio de Valencia, al recibir el lago se comprometió a no desecarlo y a conservar el suelo de la Devesa como monte.

Esta situación se mantuvo sin apenas modificaciones hasta la década de los años sesenta, cundo dieron comienzo una serie de profundos cambios que, en un plazo sumamente breve, produjeron una importante disminución de los valores naturales en el aspecto cualitativo, a diferencia del período comprendido entre 1873 y 1950, en el que la alteración fue de carácter cuantitativo al reducirse la superficie del lago. En los años 80 el lago y su entorno se habían convertido en un espacio natural sumamente antropizado, que soportaba unos usos de suelo muy intensos, de tipo industrial, turístico y agrícola, la urbanización descontrolada del espacio litoral, la contaminación de los ecosistemas acuáticos, y cuyas consecuencias fueron la ruptura del equilibrio entre el hombre y su medio. El deterioro del agua del lago y la degradación de los sistemas dunares de la Devesa, alcanzaron tales niveles que prácticamente se les llegó a dar por perdidos.

Todo ello determinó que el Excmo. Ayuntamiento de Valencia, propietario del Espacio Natural, solicitara a la Generalitat, como Administración competente para establecer medidas legales de protección, conforme a la Ley 15/1975, de 2 de mayo, de Espacios Naturales Protegidos, el establecimiento de medidas legales de protección para “el sistema conformado por el lago de la Albufera de Valencia, su entorno húmedo y la barra o cordón litoral adyacente a ambos

La Generalitat asumió la petición, “ante el carácter de urgencia que la intensa degradación ambiental del espacio requiere,…el objetivo de una rápida y eficaz protección de la Albufera y su entorno” (EM del Decreto de protección), y publicó el Decreto 89/1986, de 8 de julio, del Consell de la Generalitat Valenciana, de régimen jurídico del Parque Natural de la Albufera, desde cuya vigencia (el 24-07-1986), la Albufera de Valencia, principal zona húmeda de la Comunidad, es el primer espacio natural declarado Parque Natural por la Generalitat.

El Decreto da por sentada la importancia del espacio natural, pero  reconoce la necesidad de “establecer una regulación de actividades que haga compatible el uso ordenado del espacio con el mantenimiento de los valores ecológicos”. Por ello, entre las distintas modalidades que la legislación contemplaba para la protección de espacios naturales, consideró que la de “Parque Natural” “es la más adecuada,…por permitir compatibilizar una adecuada protección del medio natural con el mantenimiento ordenado de los usos y aprovechamientos tradicionales y con el fomento del contacto entre el hombre y la naturaleza”.

El Decreto señala su ámbito territorial (art. 2), establece disposiciones de protección de carácter general (art.3), prevé un Plan Especial, de acuerdo con la legislación urbanística, y que contendrá unas determinaciones mínimas (art.4), prevé un Plan de Gestión (que fue aprobado por el Decreto del Consell 259/2004, de 19 de noviembre) (art. 5), establece la Junta Rectora del Parque Natural (art. 6), el Consejo Directivo (art. 7) y el Director-Conservador (art. 8). Como Anexo A contiene una “Delimitación del Parque Natural de La Albufera”, y como Anexo B la cartografía del ámbito de dicho Parque.

Transcurridos veinticinco años desde la entrada en vigor del Decreto protector, la visita al Parque nos permite apreciar a simple vista la recuperación del espacio natural. Pero lo más importante es destacar la colaboración general y espontánea de la sociedad en el mantenimiento y mejora del Parque, lo que confirma el aserto jurídico de que las normas no entran en vigor cuando se publican, sino cuando entran en la conciencia social.

Por ello, la real configuración de un sistema de protección de la Albufera y del monte de la Devesa, que subsiste y progresa en la actualidad, y que acaba de cumplir los 25 años, son merecedores de un reconocimiento, por lo que la AVPYETUR propone este año se le conceda el Premio “Cavanilles 2011”. Francisco Gregori.



[1] Equipo Técnico de la Agencia del Medio Ambiente, integrado por Carlos Auernheimer Arguiñano y otros. “Apéndice a la Guía de la naturaleza de la Comunidad Valenciana”, Levante-Agencia del Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana, 1990.

EL FRESNAL DE BUÑOL

“CICLO LOS BOSQUES MEDITERRÁNEOS” Centro Excursionista de Valencia. EL FRESNAL DE BUÑOL, LA MAGIA DEL BOSQUE CADUCIFOLIO EN OTOÑO.

2011 Año Internacional de los Bosques, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

 

Como continuidad del ciclo excursionista dedicado al bosque mediterráneo, una propuesta de adhesión al Año Internacional de los Bosques que se viene realizando en el Centro Excursionista de Valencia, el 26 de noviembre pasado fue dedicado a El Fresnal, excepcional espacio forestal de grandes valores botánicos y paisajísticos, con una travesía entre el Caserío de Mijares, aldea de Yátova, y El Rebollar, ambas localidades en la comarca de la Hoya de Buñol. El fresno es un árbol caducifolio, razón por la cual se ha elegido una fecha de celebración de la visita en pleno periodo otoñal, por el mágico encanto colorista que la estación presta a las especies que pierden sus hojas. Una especie mediterránea exigente con la humedad, propio de ribera o de lugares frescos y umbríos y que ha sido tradicionalmente utilizado por los campesinos para la obtención de varas. El fresno y sus reducidas agrupaciones en las tierras valencianas, retrocede en extensión por el cambio climático. El Fresnal de Buñol es un espacio forestal protegido por la rareza y concentración del arbolado de esta especie.

 

El recorrido trascurre por un sector de la sierra Malacara, cruzando una magnifica y extensa superficie forestal. En las vertientes de umbría de la Rambla Quisal y la del Fresnal, podemos admirar fresnos (fleix), -el mismo topónimo resulta revelador, nominando una zona-, agrupados formando bosquetes o integrados en el denso pinar, junto a carrascas y también aislados ejemplares de arces (auró), madroños (arbocer), quejigos (roure)…todo ello enriquecido por el cerrado sotobosque de gran biodiversidad. La belleza boscosa y del paisaje, las buenas condiciones medioambientales y el encendido colorido otoñal de las especies caducifolias que adornan este recinto, son componentes que dan un gran valor excursionista y botánico a la salida.

 

La sierra Malacara: Se levanta la sierra entre los términos de Siete Aguas y de Buñol, con límites septentrionales marcados por el río de Buñol y por el sur por el río Mijares. En sus límites al Este, los montes de este sistema, con una altitud máxima de 1.118 metros en el pico Nevera, se alzan en brusco escalón sobre los llanos que descienden hasta el mar. Estas primeras montañas a poniente de Valencia, conservan una importante reserva forestal, pese a los repetidos incendios, con amplias zonas recuperadas gracias a la repoblación espontánea, la fuerza de la naturaleza y su permanente evolución, todo un canto de resistencia de la vegetación en el medio natural y ante la adversidad. La belleza y profundidad de los bosques es la mayor manifestación de la intensidad vital de la naturaleza, donde viven más del 65 % de las especies de la tierra.

 

 

Rafael Cebrián Gimeno.

UTIEL Y LA CASTILLA VALENCIANA.

Utiel y Requena comparten la capitalidad de la comarca que al nombre de ambas ciudades, antepone el de La Plana, aunque también es conocida como La Meseta o el Altiplano, sinónimos de una denominación descriptiva para un territorio inscrito geográficamente sobre la continuidad de la meseta castellana, una desigual plataforma elevada a poniente de Valencia en sus límites con Cuenca. La forma tabular que caracteriza la morfología comarcal, configura un mosaico de coloristas y variados paisajes tendidos sobre un relieve con límites que define con decididos rasgos sus márgenes territoriales: A Oriente y Mediodía el largo valle del Cabriel, profunda garganta que desde Contreras y el fascinante desfiladero de las Hoces, dibuja con precisión en un amplio arco -durante 100 kilómetros la frontera natural con Cuenca y Albacete-, hasta confluir en Cofrentes con el Júcar. Al Este, el puerto de las Cabrillas, con la sierra de Malacara sobre la Hoya de Buñol, es el brusco escalón desde el cual la meseta se asoma a los llanos marítimos cubiertos del verdor de las huertas sin fin de Valencia. Y, por último, las sierras de Negrete, Juan Navarro y El Tejo, alineadas sobre el sector noroeste comarcal y alzadas sobre la profunda depresión que al norte recorre el modesto curso fluvial del Reatillo, conforman a modo de cornisa de hasta 1.300 metros de altura, la mayor elevación de la meseta que desde aquí hacia sureste bascula decreciendo de los 900 a 600 metros de altitud media.

Con estos componentes naturales y en la mayor extensión comarcal, el relieve se resuelve con una serie de onduladas colinas y sierras, amplios valles y llanos, en contraste con sus abruptos márgenes. Contrastes que dan relevancia a una comarca singular, diferente al resto de los territorios de las tierras valencianas por sus paisajes naturales y humanos que enriquecen su histórico pasado. Paisajes coloristas de cambiantes tonalidades al paso de las estaciones por un clima de rasgos continentales, seco y frío, determinante de los cultivos, secanos en su mayoría, con la viña como protagonista del paisaje agrario. Una comarca que bien vale la pena recorrer, andarla para mejor intimar con su pasado, vivir sus tradiciones y fuerte arraigo castellano, saborear una gastronomía sabrosa y fuerte, de pastores y arrieros, de tiempo frío, y buenos vinos. Paisajes, gentes, tradiciones, historia, factores que asociados nos dan la lectura e interpretación de una comarca, su identidad y relevancia.

En el 1851 los amplios términos de Requena y Utiel, con sus aldeas y caseríos, lo que es ahora la comarca de mayor superficie de las tierras valencianas, se incorpora a Valencia, segregándose por propia y libre voluntad de Cuenca, su capital histórica. Una incorporación en la nueva división provincial de España que sancionaba administrativa y políticamente la estrecha y ancestral vinculación, económica y afectiva que estos territorios sostenían con el Cap i Casal del Antiguo Reino. Históricamente, y por razones de proximidad y más fácil comunicación con Valencia -a día y medio de camino, mientras que a Cuenca eran 4 días-, las relaciones comerciales con Valencia fluían con naturalidad, como proveedor cerealista y de los derivados de la ganadería, la salida al mar y como potencial de intercambio de una floreciente industria sedera y textil. Recuperaba lo que en época romana y musulmana era una realidad de convivencia y que, en el siglo XIII, tras la conquista cristiana y el reparto de tierras entre Jaime I y Alfonso X, pasó a formar parte del Reino de Castilla, en la frontera con el recién creado Reino de Valencia. La estrecha relación de vecindad se ha fortalecido, de tal manera que “La Valencia Castellana” o “La Castilla Valenciana”, con sus enriquecedoras diferencias, de lengua, cultura tradiciones y costumbres de recia impronta castellana, sus tierras y gentes hermanas, que se son y se sienten valencianas, comparten destinos con la Comunidad Valenciana

UTIEL

Utiel conserva el barrio antiguo con un entramado callejero fiel al urbanismo medieval, en un armónico conjunto enmarcado por el primitivo cerco de murallas, demolidas en el siglo XIX por las exigencias de expansión ciudadana. Calles estrechas y callejones, caserones blasonados y muchas casas manteniendo el encanto de una humilde ornamentación de fachada y paredes encofradas donde asoma la madera de la estructura. Urbanismo donde el recuerdo de la Judería pervive en ciertos topónimos. En el corazón de este viejo y entrañable Utiel está la monumental iglesia de la Asunción, datada su construcción en el siglo XVI, notable por su volumen interior y origen gótico, sobrio recinto de elegante arquería, completando el conjunto arquitectónico realizado durante varias épocas y estilos, una esbelta torre de 46 de metros de altura. Un oculto urbanismo, subsuelo del Utiel histórico, tiende la trama de cuevas, bodegas y un sugestivo laberinto de pasadizos.

El Almázar. Museo de la Miel y de la Cera – El vetusto caserón de Almázar, sede de la Cofradía de San Isidro Labrador, alberga una sorprendente prensa de origen medieval que se utilizaba para la extracción de la cera de los panales de miel. Un monumental mecanismo único en España, combinación de una pesada y larga viga que actuaba de palanca, una pesada piedra caliza tallada como prensa, más otros dispositivos auxiliares que por su rareza merecen una visita. En el edificio está instalado el museo de la miel y de la cera, dos producciones que en el pasado fueron motores de un notable desarrollo económico local.

Museo del vino de la Comunidad Valenciana. La bodega Redonda.- Utiel como Requena ha vivido la evolución de sus cultivos y producciones, la agricultura del secano, la ganadería, la miel, la seda, destacada producción en el siglo XVIII, y el vino. El vino es en la actualidad el distintivo comarcal, tras un proceso de reconversión en el que ha tratado de sustituir una producción y venta basada en la cantidad, para pasar a un porcentaje cada vez mayor de una producción que busca la calidad como objetivo, con la denominación de origen como enseña y garante de la excelencia de su elaboración. La Bodega Redonda, un edificio singular construido en el año 1891, que toma su nombre de su estructura circular, es la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Utiel-Requena. La antigua bodega ha pasado a ser museo del vino, con una cuidada y excelente exposición, bien documentada sobre los ciclos y procesos del vino, colecciones, etnografía, historia… además de contar con visitas guiadas por especialistas. Una visita que no hay que perderse.

En principio, la integridad del edificio ya es un documento del tratamiento y maduración del vino, como una construcción diseñada con arreglo a las exigencias productivas y ciclos naturales enológicos del siglo XIX. La filoxera arrasó la viña en Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, coyuntura que la Plana Utiel y Requena aprovecharon como proveedores de las desabastecidas bodegas europeas. La inauguración en 1885 del ferrocarril Valencia-Utiel fue un factor más de positivo desarrollo industrial y comercial de la comarca. Cuando a su vez la mortífera filoxera se abatió sobre el viñedo hispano (1908-1911), la situación apartada de la comarca la preservó en el tiempo de sus efectos, además de que la uva boval, de mayoritario cultivo en la zona y su resistente cepa ante la plaga, salvo su masiva producción vinícola.

La sierra del Negrete.- Al norte de las poblaciones de Utiel y Requena, las suaves lomas de la sierra del Negrete configuran el límite septentrional de la meseta central de La Plana y la divisoria de aguas. Con una altitud media de 1000 metros, tiene su máxima elevación en el Pico del Remedio, de 1306 metros sobre el nivel del mar. Una carretera desde Utiel llega perpendicular a la sierra y la cruza. Poco antes, un desvío lleva hasta el Santuario del Remedio, construido en el siglo XVI, aunque predomina la obra barroca, debido a la reconstrucción de que fue objeto tras un incendio. Está situado a 1090 metros en la vertiente de Utiel y a pie de monte, en un paraje de suave relieve, cubierto de hermoso bosque, pinos, carrascas y otras variedades de árboles. Un grato entorno y un paisaje diferente al dominante en el resto de la extensión comarcal. Algunos itinerarios senderistas del Sendero de Pequeño Recorrido PR CV 177 y sus variantes, permiten unos gratos recorridos excursionistas y paseos.

Utiel es más: ferias y actos culturales, fiesta…y, su sabrosa cocina, bien dotada por lo productos del terreno y sus especialidades y derivados, de la agricultura y la ganadería, en tierras de clima seco y duro, lejos del atempero del mar. Y para templar todavía más la calma y serenidad que debe acompañar la visita a la noble Utiel, siempre un vino, sabor y color profundo de la madre tierra.

Rafael Cebrián Gimeno.

 

 

EL VERSALLES DE MARIA ANTONIETA

 

 

La población de Versalles representa en la monarquía francesa lo que Aranjuez, El Escorial o el mismo Madrid significan para reconstruir la historia de las largas dinastías de los Habsburgos y de los Borbones en nuestro país. Cuando Luis XIV, el Rey Sol, a mediados del XVII decidió transformar el pabellón de caza de su padre en luminoso y reluciente palacio, a un tiro de piedra de Paris, quiso convertir sus bosques y el nuevo urbanismo del lugar en imagen social del poder absoluto. Y así es hoy Versalles, en el siglo XXI, un auténtico escenario teatral donde sólo se puede representar la comedia de “Yo soy el Rey”, ombligo del mundo conocido, centro del universo.

Del mismo modo que tres anchas avenidas (Paris, Sceaux y Saint Cloud) conducen necesariamente al viajero a la puerta de palacio como si su trazado representaran a tres rayos solares situados en las 4, 6 y 8 horas de un reloj utópico, los balcones de Versalles permitían al Rey ser el centro indiscutible de toda la naturaleza, de todas las miradas de nobles y plebeyos. En palacio nadie se escapaba al control galáctico de Luis XIV, perdido en el horizonte de un paisaje geométricamente perfecto y abrumador por sus dimensiones.

Noviembre no es un mal mes para visitar este paraje monárquico. La lluvia ligera se entremezcla con el sol suave, las hojas caídas de los monumentales plataneros crean alfombras amarillas, naranjas, casi rojas. Mi destino en realidad era el teatro de palacio, la Opera Royal, situado en el ala norte e inaugurado con motivo de los esponsales de Maria Antonieta con el futuro Luis XVI. El estreno del ballet Marie Antoinette, creado por el bailarín y coreógrafo Patrick de Bana, a partir de la dramaturgia que le elaboré para poder componer su historia en dos actos y ocho escenas, se presentaba por primera vez en ese escenario en una producción del ballet de la Opera de Viena, que dirige el francés Manuel Legris.

Este teatro ofrece unas 750 localidades, muchas de ellas pensadas para asistir de pie, apretados en estrechos palcos, a la gran comida que la familia real protagonizaba abajo en el reconvertido patio de butacas. Los Reyes hacían siempre su vida cotidiana en exposición ante el público cortesano, hasta se daba parte oficialmente de la noche que Maria Antonieta y Luis XVI hacían el amor. La familia real era el espectáculo permanente de los cortesanos. Por eso Versalles sigue siendo un auténtico escenario.

La figura de esta joven princesa, nacida en Viena y guillotinada en París por la Revolución burguesa de 1789, proyecta todavía en Francia una sombra alargada, melancólica, sensual, romántica, trágica. Si diriges tus pasos por el Versalles íntimo del pequeño Trianon, donde la reina reunía a sus amistades más cercanas, lejos de las miradas cortesanas, sin protocolo, en su pequeño teatro, en sus jardines, en su pequeño templo dedicado al amor, la presencia casual de un cisne blanco te puede permitir tocar con placer la nube de un mundo aparte, lejos del poder y la gloria. La aldea rural construida en este rincón de Versalles representó un oasis para sus hijos y amigos donde recuperar el contacto directo con los animales, el gusto por la agricultura ecológica, los sabores y los rumores de la madre naturaleza.

La leyenda de Maria Antonieta sigue alimentando hoy libros, películas, diseños, tejidos, perfumes. En la librería de los Príncipes los visitantes encontramos un atractivo bazar de calidad para recrearnos con sus gustos rococos, su vida, sus infortunios, sus cartas, su muerte. Es tal vez el personaje de la paralizada dinastía francesa de los Borbones que más tinta sigue consumiendo en el tiempo actual. Hasta el guionista y biógrafo de Luis Buñuel, Jean Claude Carrière, se ha atrevido a escribir su verdadera historia para un film producido por la televisión nacional. Porque, sin ninguna duda, ejerció de inesperada heroína de tragedia clásica.

Jaime Millás

CONGRESO INTERNACIONAL DE FEPET 2011 EN MEXICO. Por Francisco Gregori

             Los Estados Unidos Mexicanos se asientan en una superficie de 1.958.201 Km2, con una población de 97.483.000 habitantes, y su capital es la Ciudad de México.  Para los españoles, México es un país a la vez familiar y lejano. Conocemos muchas de sus costumbres, música, paisaje, arte, pero todo ello se rinde a la realidad, que supera con creces la idea que nos hayamos formado. Por ello se decidió, acertadamente, celebrar allí el Congreso Internacional de FEPET de 2011. De los posibles itinerarios, se eligió el de México Ciudad, Zacatecas y Los Cabos, por ser una muestra esencial de la gran diversidad de las condiciones naturales y culturales del país.

             Al llegar a México Capital, nos alojamos muy confortablemente en el Hotel Meliá Reforma[1], atendidos personalmente por su Director D. Alfredo M. Aguilar G. La megalópolis tiene unos 23 millones de habitantes (la segunda del mundo, después de Nueva York), y emerge de una laguna, por lo que sus construcciones más pesadas se van hundiendo en los lodos subterráneos. Su planeamiento urbanístico se ordena en cuadras.

             Visitamos el Zócalo, espacio cuadrangular de 240 metros de lado, centro del trazado urbano y lugar mágico: plataforma de la historia y mercado permanente, foro y feria. Allí coincidimos con una exposición de Alebrijes (animales imaginarios) monumentales. Luego nos desplazamos a los canales de Xochimilco, imagen viva de la antigua cultura lacustre, donde los barcos adornados con flores de papel navegan el gran canal y sus alrededores, abordados por barcas con mariachis o con vendedores de productos típicos. Finalmente visitamos el Santuario de la Virgen de Guadalupe, sobre el monte Tepeyac, al norte de la capital

             Nuestra segunda etapa fue la ciudad de Zacatecas, de origen minero y cuyo Centro Histórico fue declarado “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO en 1993. Como otras ciudades mineras nace por un descubrimiento fortuito que origina un campamento, en principio simple, sobre un relieve a menudo accidentado y en zonas semiáridas, que luego alcanza gran desarrollo que no obedece a ningún urbanismo premeditado, y sólo está condicionado por la orografía. Nos alojamos en el Hotel Santa Rita [2], y fuimos agasajados por el Lic. D. Miguel Alonso Reyes, Gobernador del Estado, acompañado del Sr. Secretario de Estado de Turismo, D. Pedro Inguanzo González, y de la Sra. Directora de Promoción, Dª Yuri Soto de la Torre, con un espectáculo en el interior de la Mina “El Edén”, al que llegamos en un tren minero. En el mismo tren, iniciamos al día siguiente un recorrido por los túneles de explotación de la mina.

             También hicimos un recorrido en tranvía turístico visitando los lugares más significativos, y una “callejoneada”, al igual que los antiguos mineros cuando salían de la mina, consistente en un recorrido nocturno por los callejones de la ciudad, acompañados de un grupo musical y de una burrita cargada con mezcal (aguardiente de maguey, de 43º), bebiendo y cantando canciones bajo las ventanas de las chicas.

            Tras la visita al yacimiento de La Quemada (o Chicostomoc, el posible establecimiento histórico de los aztecas), llegamos a Jerez, uno de los Pueblos Mágicos, ciudad fundada por varias familias andaluzas en la segunda mitad del siglo XVI, a 57 Km. al oeste de Zacatecas, donde nos recibió el Lic. Eduardo López Mireles, Presidente Municipal del Ayuntamiento de Jerez. En nuestro honor, la municipalidad instaló un mercadillo típico con un grupo de mariachis, los cuales conmemoraron con nosotros el centenario del nacimiento de Jorge Negrete, el 8-11-1911, con dos fotografías suyas gentilmente facilitadas por el compañero Esteve Bardolet.

             El Congreso culminó en la Baja California Sur, en la zona de Los Cabos, donde nos alojamos en el impresionante Hotel Meliá Cabo Real [3], con una extensión de playa de 1’5 km. Su régimen es el de “todo Incluído”.

             Nuestro Presidente D. Mariano Palacín, acompañado del representante del Secretario de Turismo, D. Ricardo García Castro, de la Inspectora Municipal de Turismo, Dª Paloma Palacios, y del Ingeniero Municipal D. Joel Abaroa Delgado, ofrecieron una rueda de prensa en el hotel Westin, en la que respondieron a preguntas de la prensa local.

             La sede de la municipalidad es San José del Cabo, y su Ayuntamiento nos ofreció en la Plaza Mayor de la localidad un espectáculo de música y baile típicos, y una cena al aire libre.

             Finalmente, D. Gonzalo Franyutti de la Parra, Presidente de Los Cabos Convention&Visitors Bureau, nos invitó a presenciar el Arco, la playa del Amor y la puesta de sol, desde su yate.

             El transporte entre España (Madrid o Barcelona) y Mexico, y luego entre Ciudad de México, Zacatecas y Los Cabos, fue cómodo, seguro y lleno de atenciones, gracias a la profesionalidad del personal de Aeroméxico y de sus confortables aviones Boeing.[4]

             El viaje ha demostrado que lo que cantaba Luis Mariano, “…y vive Dios, que como México no hay dos..”, es una gran verdad que bien merece un viaje para comprobarla.


[1] Hotel Meliá Reforma, Paseo de la Reforma, nº 1. 06030 México City. T. 52 55 5128 5051, www.meliamexicoreforma.com.

[2] Hotel Santa Rita, Av. Hidalgo 507 Centro Histórico Zacatecas, 98000. www.hotelsantarita.com. T. 01 800 560 81-55.

[3] Hotel Meliá Cabo Real, Carretera Transpeninsular Km. 19,5. Los Cabos, BCS 23405, México, www.melia.com/www.meliacaboreal.com

[4] Contacto Prensa Aeroméxico en España: Interface Tourism Spain. Ana Pérez Marcos, Directora de Cuentas. c/ Cardenal Cisneros, 51. 2011, Madrid. T. 915401805. ana.perez@interfacetourism.com

 

TURQUÍA: NATURALEZA Y PATRIMONIO. SENDERISMO POR LA COSTA LICIA. LAS MONTAÑAS DEL LITORAL MEDITERRÁNEO. Y, ESTAMBUL.

Una escapada de Semana Santa de tan solo 10 días a Turquía no es suficiente como para conocer en profundidad la magnitud territorial y el patrimonio natural y humano que atesora este sorprendente país, pero si, 10 días intensos y bien provechados, abren ilusionadas expectativas de otros viajes por su historia y por el sinnúmero de sus espléndidos paisajes. Turquía es el compendio de una larga y densa historia escrita sobre una heterogénea geografía y encuentro entre dos mundos distintos y secularmente enfrentados. Puente entre Asia y Europa, con orillas que bañan el mar Negro, el Egeo y el Mediterráneo, el variado mosaico de sus tierras, de altas montañas, fértiles valles, mesetas, llanuras y la resplandeciente complejidad de un dilatado litoral de míticos mares, ha sido desde la Prehistoria la cuna y el asiento de florecientes civilizaciones, culturas superiores que en estas tierras alcanzaron el cénit de su creatividad y que en muchas de sus manifestaciones, por su monumentalidad, han ganada la distinción de Patrimonio de la Humanidad.

La Turquía mediterránea y Estambul son dos sectores profundamente diferenciados del gran país, con dispares paisajes modelados por la pródiga naturaleza y el paso incesante durante siglos del hombre. Dos sectores cada uno de los cuales, por si mismo, justifica el viaje. Dos sugestivos y atractivos lugares para una escapada que dejan en el ánimo el deseo de volver, porque diez días no cierran tantas posibilidades, sino que, más bien, apenas las entreabren. Paisajes y caminos orillando el Mediterráneo, caminando por la escarpada costa, por el rastro de milenarias culturas y Estambul, una de las ciudades del viejo mundo que abruma con el hechizo de su milenaria historia y poderosa personalidad.

Orillas mediterráneas de Turquía: La Costa Licia.

Descubrir con la mirada una costa virgen, sin la degradante invasión de sus orillas por el cemento y elevados edificios que no dejan ver el mar, ya es un regalo para los sentidos para quienes, como los valencianos, hemos perdido la belleza de lo más selecto de nuestros paisajes litorales, entregados a una explotación turística basada en la privatización especulativa. Turquía conserva intacta la mayor parte de su extensa y resplandeciente costa mediterránea, bañada por cristalinas aguas turquesa y de luminosos cielos intensamente azules. Entre las poblaciones ribereñas de Fethiye y Antalya, se recorta el litoral en una península que responde al evocador nombre de Costa Licia, memoria de una floreciente cultura prehelénica que pobló estos territorios montañosos de ámbito marino, entre montañas elevadas que penetran en el mar para dibujar con su relieve la sinuosa costa, en la que se alternan pedregosas calas, resplandecientes bahías y suaves y doradas playas entre acantilados y profundas aguas de cristalina transparencia. La erguida barrera de los Montes Tauro, con sus 3.000 metros de altitud, flanquea con su muralla estas tierras peninsulares y las separa de la árida meseta de Anatolia, un factor orográfico determinante que individualiza y confiere características propias y personalidad a la Costa Licia. Un nombre sinónimo de bellos paisajes de mar y montaña y depositario de un impresionante patrimonio de viejas culturas, notables ruinas del legado de hititas, licios, griegos, romanos, seléucidas, otomanos y armenios. También los cruzados dejaron su huella en las fortalezas jalonando el paso de sus sangrientas invasiones. Culturas superiores que legaron en estas tierras abiertas al mar la originalidad de sus obras en el cenit de su creatividad. La civilización Licia, una federación de 19 ciudades independientes, asimilada por helenos y romanos, se diluye sin violencia en la historia con estas culturas, dejando el misterio de sus remotos y misteriosos orígenes. La huella Licia que ha quedado con mayor fuerza en el paisaje son las tumbas, centenares de cámaras sepulcrales esculpidas en la roca de los verticales farallones calizos y que revelan un acendrado culto a los antepasados, perpetuando su memoria en la roca viva. En Tinara, una de las ciudades más importantes de la antigua Licia, es donde en mayor número se encuentran estos sepulcros rupestres, agrupados como un gigantesco panal y dando frente, desde los elevados y verticales acantilados donde se encuentran, a un amplio y rico valle de fértiles tierras agrícolas, bien regado por aguas abundantes que llegan de las cimas nevadas de los montes Tauro, como si en el ritual de la muerte y la última morada, se ofrendara como presente el luminoso valle.

Paso a paso por caminos junto al mar: La Ruta Licia.

Entre las poblaciones marineras de Fethiye y Antalya, un camino de 350 kilómetros de longitud discurre a lo largo del accidentado litoral, por un relieve forzado por las montañas que se adentran en el mar por desfiladeros, proas y cortantes acantilados. La inglesa Kate Clow, instalada en Antalya, marcó una ruta para hacer solamente a pie, un Sendero de Gran Recorrido, enlazando viejos camino costeros que unían poblaciones y lugares, una propuesta del mejor estilo y filosofía senderista que ha pasado a titularse La Ruta Licia. Caminando, la más bella forma de viajar en el tiempo por la naturaleza y tras la huella del hombre, paso a paso por el camino de la Ruta Licia, se combinan los paisajes naturales con el impresionante patrimonio de una de las civilizaciones más enigmáticas del mundo Mediterráneo. De este recorrido, durante seis días, se cubrieron los tramos más interesantes en la doble vertiente paisajística y monumental. Siempre a la vista de la costa, sobre los acantilados y las montañas, besando en ocasiones las orillas del mar, siempre el mar como compañero, con el rumor inquieto del oleaje y el intenso azul, contrapunto en la composición del paisaje de montañas y tierras asomadas al Mediterráneo. Montes que superan los mil metros junto al litoral con una cota máxima en el Olimpos de 2.350 metros de altitud.

El relieve, estructurado sobre un fuerte componente de grandes espesores calizos, el clima y la cubierta vegetal, hermana los paisajes licios con los de nuestras montañas, con igual identidad y armonía mediterránea de formas, colores y perfumes. Se reconocen plantas, flores y el arbolado, como propios. Vegetación donde se aprecia mayor humedad que en nuestras tierras, sin matorral espinoso y donde aparecen robustos robles, muy cercanos al mar y a tan solo 400/500 metros de altitud. Todo denota más lluvia y más frío, sin abandonar las características propias del clima mediterráneo. Y el camino, tierra y piedras, y, ante la mirada, un paisaje familiar que sientes en la pisada como si en el ensueño de la naturaleza no hubieras salido de tus montañas. Por encima de los históricos desencuentros y violencia habida en las aguas mediterráneas, hay más lugares de coincidencia e identidad que de desencuentro y discrepancia.

Los sagrados y eternos fuegos de Yanarta.

Yanarta quiere decir Piedras Ardientes, un expresivo topónimo que da cuenta de un lugar excepcional, unas formaciones volcánicas al pie del monte Olimpos, donde una gigantesca bolsa de gas natural alimenta fuegos eternos en una ladera rocosa. Por varias bocas resplandece la llama del gas que arde espontáneamente en su contacto con el oxígeno del aire. Su posición, visible desde el mar, fue un faro de la antigüedad y lugar de culto. Como no podía ser de otra manera en estas tierras nimbadas de leyendas, los fuegos tienen su mito en la terrorífica criatura con cuerpo de cabra, cabeza de león y cola de serpiente, que aterrorizaba a las gentes del lugar y quemaba las cosechas con el fuego de su aliento. Surge el héroe dispuesto a luchar con la bestia y pide el favor de de los dioses que recompensan su valor y su entereza de espíritu enviándole a Pegaso, el caballo alado, un aliado que le permite localizar al monstruo al que vence en batalla, quedando el fuego abrasador y destructivo, cautivo e inofensivo en la montaña. El héroe corre en la noche portador de una antorcha encendida para difundir la buena nueva a los pueblos liberados de la tiranía del engendro, el anuncio de la paz a las gentes que, según se dice, con todo su simbolismo pacificador, pasó de aquí al anuncio a las naciones de la celebración de las olimpiadas. Yanarta y el sagrado lugar de los fuegos están al pie del monte Olimpus (2.350 metros), hermosa montaña, también sagrada, como el Olimpo mitológico de la Grecia Continental.

Estambul.

En el año 1.453 el Imperio Otomano somete Constantinopla, la capital del otrora poderoso Imperio Bizantino, y extiende sus fronteras en fulgurante conquista de los Balcanes, Asia Menor y Oriente. Los vencedores cambiaron el nombre de la histórica capital del mundo romano por el de Estambul, fortaleciendo el carácter y la personalidad de la ciudad con su tolerancia religiosa, su eficiente administración y su inmenso poder militar, social y cultural. Constantinopla/Estambul, dos nombres evocadores del auge y caída de imperios de la antigüedad, en la encrucijada de pueblos y culturas fusionadas por la fuerza asimiladora de la ciudad, muestran en el testimonio monumental de sus edificios, palacios, fortificaciones, mezquitas, bazares…la relevancia de su floreciente pasado. Entre Europa y Asia, separados dos continentes y dos mundos culturales e ideológicos por un estrecho corredor marítimo, la ciudad nace a la historia con el privilegio de su estratégico emplazamiento. Las ciudades son el reflejo del ayer vivido y en su carácter trasmiten la personalidad de sus habitantes. Estambul no es una ciudad fósil anclada en el brillo de sus glorias pretéritas, su legado no la ha convertido -como sucede en otras ciudades-, en un museo habitado. Estambul no es solamente el turbador compendio de su larga y brillante historia: la ciudad, dinámica y activa, sin síntomas de decadencia, muestra su capacidad acogedora con la identidad de los pueblos viejos habituados a su grandeza. Multitud por las calles, el trasiego es continuo, abarrotando los comercios, las calles y el laberinto colorista del Gran Bazar, con el contraste de lo antiguo y lo moderno. La belleza natural de la ciudad desborda en el luminoso Bósforo, surcado por embarcaciones entre las orillas donde se asoman palacios, mezquites, mansiones, casas… entre dos mundos no siempre bien avenidos y que ahora se dan la mano cara a un futuro con la Unión Europea que se anuncia pacíficamente compartido.

Atatürk es la Turquía actual, un estado moderno y secular estructurado por la fuerte personalidad y voluntad de Mustafá Kemal. En 1923 se reconoció como república multipartidista apoyada en una constitución civil. Una reforma democrática radical que abolía los tribunales basados en leyes religiosas, separando el poder civil del religioso y liberando al país de las limitaciones que en la vida política impone el Islam. Sociedad civil, estructuras políticas de partidos y sistema parlamentario se impulsaron durante el mandato de un líder indiscutible. Además de esta concepción progresista del estado que lo igualaba al resto de Europa, creó infraestructuras de desarrollo social y económico que en la actualidad le proporciona las bases de la integración en la Unión Europea. Los turcos se sienten legítimamente orgullosos del país y de su líder, verdadero constructor y “Padre de los Turcos” tal como quiere decir Atatürk.

Rafael Cebrián Gimeno

El secreto de las plantas

LA FLOR DEL INVIERNO

Vamos a comenzar con unos presuntos malos olores.

El eléboro fétido (Helleborus foetidus), marxívol en valenciano, no huele mal como su apellido da a entender y no lo hace porque ninguna flor esparce aromas repugnantes a no ser que se encuentre en determinadas circunstancias estresantes, ¡sí estresantes!, como verse encerrada en una habitación de por vida o en peligro de muerte inminente por arrancamiento, y en este caso se encuentra el eléboro fétido; en esos cruciales momentos y sólo en ellos, unas sospechosas glándulas al final de unos pelillos de sus flores, podrían ser las desencadenantes de vapores nauseabundos que no son otra cosa que la queja justificada del vegetal. Las flores deben oler bien, sobre todo las melíferas como ésta, pero de eso hablaré más tarde.

La conclusión es que el apelativo “fétido” carece de sentido en un noventa y nueve por ciento de la vida de esta planta.

Es el momento de dejar zanjado el tema olfativo para pasar a otra cuestión de la azarosa vida de la planta de verdes flores. La ligereza con que en la Edad Media se asignaban poderes curativos a algunas plantas, hicieron que a ésta se la considerara una panacea en la cura de dolencias tan variadas como víctimas de muerte súbita hubo entre sus desafortunados y cándidos usuarios; las virtudes que médicos inexpertos vieron en la seductora pero no inocente apariencia de la planta venenosa, hizo el resto y la “rosa de serpiente” se llevó al otro mundo a muchos creyentes convencidos de sus propiedades.

Oculta en los rincones más oscuros de las raíces del eléboro, la helleborina es una sustancia tóxica que se pasea luciendo una mercancía capaz de paralizar corazones y conexiones nerviosas y lo que, en prudentes dosis podría ser un tónico cardíaco similar a la digitalina, se convierte en un violento y certero veneno al oponer una fuerte resistencia a abandonar el flujo sanguíneo de los cuerpos en los que se introduce.

Pero aún hay más; en las artes de la hechicería se la consideraba néctar del Maligno y toda clase de aviesas intenciones difamatorias flotaban en frescos bosques caducifolios donde crecía junto a los conjuros que pretendían contrarrestar el influjo de turbadores poderes satánicos. Consecuencia de esta fama en Francia se la conoce como “pan de culebra”.

Los eléboros nacen en hayedos, robledales y otros reinos donde nuestra fantasía nos convierte en magos y las sombras juegan al escondite entre los troncos y helechos; en tal escenario sus formas no pueden pasar desapercibidas porque, sobre el mullido suelo forestal, se forma un diminuto jardín de hojas como palmeras tropicales entre las que avanza erecto, un tallo con brácteas, que no hojas, cobijando a flores que cuelgan como campanas mirando al suelo del que proceden.

Frente a todo pronóstico, esta “flor de invierno” consume sus días entre gélidas temperaturas con una tenacidad inaudita para las que se consideran flores de estaciones más ardientes. Entre nieves y brumas inyecta en sus cuencos un néctar tan atractivo que, de forma tímida primero y arrebatadora más tarde, es imán de abejas que acuden a esta planta melífera en tan inusual momento.

Esta contradictoria planta convierte su perverso maleficio en virtud melífera desconcertando, como en tantas ocasiones, a los observadores de la naturaleza.

Texto: Teresa Casquel

Foto: Guillermo Fau