Ademuz; El rincón de la biodiversidad valenciana.

El Rincón de Ademuz es una comarca valenciana enclavada entre las comunidades castellana y aragonesa. Pese a ser poblada desde antiguo, como atestiguan los restos arqueológicos de origen Íbero encontrados en la localidad de Castielfabib, lo quebrado de su orografía y la dureza de su clima, condicionó cierto aislamiento que ha favorecido que en la actualidad la comarca siga respirando ese aire rural ya perdido en otras zonas. Alejada del desarrollismo desmedido, el Rincón de Ademuz es soporte de una naturaleza intacta en muchos lugares de su territorio. Consecuencia de la salud de sus montes, es la creación en el año 2.007 por la Conselleria de Medi Ambient del parque natural de la Puebla de San Miguel. 6.390 ha de naturaleza salvaje en la que entre sus extensos pinares de halepo (pinus halepensis) y rodeno (pinus pinaster) destacan los relictos bosques de sabinas (Juniperus thurifera). Pero de todos los parajes adscritos al parque natural hay dos que destacan por su singularidad. Uno de ellos el conocido como “Las Blancas”, un bosque de sabinas milenarias, quizás el más antiguo de la península y probablemente del mundo, con ejemplares de tronco inabarcable datados en torno a los 800 y 1.000 años de edad. El otro paraje dentro de este magnífico parque natural digno de mención es el “Alto de las Barracas” o “Cerro Calderón”, que con sus 1.839 m sin duda representa el techo de la Comunidad Valenciana. Debido a su altitud y características climáticas, en los alrededores de este cerro se da uno de los escasos bosques de pino silvestre (Pinus silvestris), de bellísima corteza rojiza, que podemos recorrer en tierras valencianas. No podemos cerrar este capítulo sobre naturaleza de la comarca del Rincón de Ademuz sin hablar de sus ríos. El Turia como arteria principal a la que conectan dos de sus afluentes, el Ebrón y el Boilgues. La sombra de hermosas alamedas (Populus sp.) acompañarán al caminante que decida recorrer sus vegas, cosa especialmente recomendable en otoño, época en la que los ocres, rojos, amarillos y verdes de los caducifolios pintan de color choperas y olmedas. Y con suerte, en los ribazos más recónditos del Boilgues, el viajero todavía podrá observar a la casi extinta nutria (Lutra lutra) que tiene aquí uno de los últimos reductos valencianos. Ciervos, corzos, gamos, zorros, gatos monteses, ginetas y todo un elenco de micromamíferos y aves forestales completan la biodiversidad de la comarca, llamando en especial la atención las grandes veleras aladas; las rapaces. Buitres, Águilas reales, Águilas perdiceras y calzadas, ratoneros, halcones, azores y muchas otras especies, coronan los limpios cielos del Rincón de Ademuz a la búsqueda de sus presas favoritas, los ya escasos conejos de monte.

Pero toda esta biodiversidad y bellezas naturales, en los tiempos que corren en los que parece que la naturaleza tuviera un papel secundario en lo referente a inversiones económicas que son desviadas a otros sectores, se ve en esta comarca respaldada por la ardua labor de asociaciones locales como la asociación “Albar” dedicada al mantenimiento de la biodiversidad en el Rincón de Ademuz. Algunos de sus proyectos más destacados son la recuperación del conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), fundamental para restablecer las cadenas tróficas ya que esta especie se encuentra en la base alimentaria del ecosistema. Su rarefacción, a causa de las enfermedades y la caza abusiva, ha motivado la escasez de sus depredadores como las rapaces antes mencionadas. Otras labores de interés ambiental para la comarca han sido la creación de microreservas de flora y la recuperación de variedades locales de tomates, hortalizas y manzanos, con 5 variedades autóctonas ya en cultivo, apostando por una agricultura sostenible. En este sentido destaca también la actividad que desempeña la Cooperativa Agrícola y Ganadera de Castielfabib (CEAGA), destacando por su apuesta en el campo de la agricultura y ganaderías ecológicas y el turismo rural sostenible a través del complejo de turismo “Los centenares” en Castielfabib, donde es posible realizar actividades como el senderismo, barranquismo, espeleología, agroturismo o interesantísimos cursos de micología en las épocas favorables. Todas estas actividades, llevadas a cabo de una manera racional y acompañadas de una adecuada gestión, en la que prime la conservación del entorno, serán sin duda el soporte del bienestar económico de sus gentes y de la pervivencia de una comarca única, a largo plazo.

Javier Marcos

Sabinas