Los guías oficiales de València piden una ‘policía turística’ para que se cumpla la ordenanza ante el turismo masivo

AVPYETUR

(Reportaje publicado en Levannte-EMV por Marina Falcó)

Quien reside en València sabe que es territorio conquistado por los visitantes pero cuando es día de crucero, como lo fue el pasado miércoles, la situación se complica. El megabuque Costa Pacífico con capacidad para 3.780 pasajeros amarró en el puerto de València y eso se notó. Para este fin de semana, también llegarán al puerto de la ciudad dos grandes cruceros con capacidad para 2.506 viajeros en el caso del Mein Schiff 6 y de 3.605 el MSC Orchestra. En total, casi 10.000 personas transitarán por la ciudad durante la segunda mitad de la semana dispuestos, en su gran mayoría, a recorrer los enclaves más populares en una loca carrera por hacer fotos y conocer la historia de la capital aunque sea de una forma abreviada.

Los grupos de turistas que visitan la ciudad superan ampliamente los 20 miembros, algo que no podrá ocurrir a partir de que se ponga en marcha la nueva Ordenanza de Convivencia y Civismo en el Espacio Público del Ayuntamiento de València. Esta normativa aún se encuentra en fase de borrador y está abierta a recibir alegaciones, pero traza las líneas maestras de cómo se regularán ciertos aspectos de la ciudad, entre ellos el de los viajeros.

«Ayudará a destensionar el centro»

El reglamento fija un límite de 25 personas para los grupos turísticos guiados que visitan la ciudad, cifra que se reduce a 20 en Ciutat Vella, zona caliente del turismo. «Hoy tenemos grupos de hasta 45 personas», explica Sergio Diago, guía asociado a la Asociación de Guías Oficiales de Turismo de la Comunitat Valenciana. Esta gran cantidad viene marcada precisamente porque «es día de crucero» así que las cifras se disparan.

La cantidad de viajeros resulta llamativa, avanzar por determinadas calles de trazado angosto propio del casco viejo de la ciudad resulta incómodo, e incluso hasta mareante. Hordas de turistas pertrechados con auriculares que persiguen a su líder a quien se distingue por portar una banderita copan el espacio público. Esto es algo con lo que pretende acabar, o por lo menos limitar, la nueva normativa municipal.

El tope numérico a los grupos de turistas es una medida que «ayudará a destensionar la zona», asegura Belén Ruiz, guía perteneciente también a la asociación de guías oficiales. De hecho, asegura que limitar el número de viajeros por grupo es una reivindicación en la que llevan trabajando desde hace años, «con la que ya trabajamos durante la pandemia», puntualiza Diago, y estos profesionales del turismo reciben de buen grado la regulación que se ha propuesto desde la corporación municipal: «Va a ayudarnos», afirma rotunda.

Sin embargo, hay un par de aspectos que deberían tenerse en cuenta para que la aplicación de la norma pueda llevarse a cabo con éxito. El primero de ellos involucra a las empresas emisoras de turistas, principalmente a las navieras y a los receptores de los pasajeros en tierra que se verán obligados a dar un golpe de timón para gestionar el voluminoso número de clientes que manejan. «Los gastos previstos de estas compañías ya están cerrados para el año que viene y en ellos se contempla la contratación de determinado número de guías, así que no estarán presupuestados los costes extra de contratar más», razona Ruiz.

El segundo punto que, en opinión de Belén Ruiz, urge llevarse a cabo es la puesta en marcha de una ‘policía turística’ que ayude a que las reglas del juego se cumplan por parte de todos los agentes implicados. Una de las eternas peleas que existe en el sector es con los guías no oficiales que suelen trabajar en los freetours o aquellos que amparados bajo la figura alegal de ‘acompañantes’ ejercen el intrusismo porque, por lo general, no se limitan a acompañar a los turistas, sino que ejercen de cicerones.

En este sentido se muestra también preocupado César Guardeño, también guía oficial quien se pregunta «cómo se va a controlar que se cumplan todos los preceptos» que se marcan en el nuevo reglamento y hace referencia a la necesidad de mayor. Guardeño se muestra satisfecho con la búsqueda de la «pacificación» del centro de la ciudad; sin embargo, considera que la limitación a 20 personas es «excesivamente restrictiva» porque, pone el ejemplo, de los grupos escolares con los que él trabaja en ocasiones. «Al menos debería aumentarse a 30», expone y teme que esta bajada del ratio «afecte económicamente» a los guías quienes pertenecen, por aplastante mayoría, al régimen de autónomos.

La regulación de las bicis y los tuk-tuk

Otro de los puntos que quedarán regidos por la nueva directriz de Civismo serán los grupos de turistas que se desplazan en bicicleta, incluyendo itinerarios concretos para este tipo de recorridos.

Para los guías oficiales de Turismo es imperativo que se controle tanto el número de personas que se mueven en conjunto para visitar la ciudad como la señalética que indique por dónde se puede circular. «Esta mañana había tres grupos de cicloturistas atravesando la plaza de la Virgen sin orden ni concierto, eso no puede ser», critica Belén Ruiz quien también hace tours en bici e incide en que cuando se mueve por los alrededores de la catedral invita a sus clientes a bajarse de las bicicletas e ir andando.

Un tuk-tuk por el entorno de las Torres de Serranos, punto de encuentro de estos vehículos / Marina Falcó

Los tuk-tuk también son fuente de conflicto. En este caso es César Guardeño quien señala que los conductores de estos peculiares transportes ejercen de forma ilegal la labor de guías. «No es raro que veas cómo mientras conducen van con un micro en una mano señalando puntos de la ciudad y dando explicaciones», denuncia, «además, aparcan donde no deben».

Grupos grandes, más turismofobia

La circulación de grupos grandes por el centro de la ciudad provoca fricción con los vecinos. «No sabes cómo está el ambiente de crispado», comenta Diago. La tensión es tan evidente que tanto él como Ruiz han sido increpados alguna vez por personas locales. «A veces me tengo que quitar la identificación para que no me reprendan», confiesa la guía oficial.

No es fácil manejar grupos grandes de turistas, todo aquel que ha ejercido como visitante sabe cómo los corros tienden a disgregarse y a moverse de forma dispersa pese a las indicaciones de quien intenta dirigirlo.

Empujones de cicloturistas, calles bloqueadas, saturación de comercios… una riada de visitantes por las calles trae consigo verdaderos problemas de convivencia, más allá de los apartamentos turísticos. Los residentes de los barrios más céntricos sienten la incomodidad de vivir en esta privilegiada zona. De hecho para llevar a cabo actividades tan cotidianas como ir a comprar al Mercado central, visitar la Catedral o tomarse un vermú, hay que elegir el día. Preferiblemente, «cuando no haya cruceros».

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