YESTE, SU CASTILLO Y EL PARQUE NATURAL DE LOS CALARES DE LA SIMA Y DEL MUNDO

 

YESTE Y SU CASTILLO

La villa de Yeste, localidad de Castilla-La Mancha situada entre Jaén, Ciudad Real y Granada, tras su conquista a los musulmanes en 1242, fue concedida a la Orden Monástico Militar de Santiago. Mitad monjes, mitad soldados, los frailes de la Orden se constituían en unidades militares de elite que respondían a la concepción místico religiosa entregada al servicio de las armas para combatir al infiel. Su monumental castillo, de robusta fábrica e imponente presencia, se alza en el centro de la población sobre la corona de un escarpado cabezo rocoso. Unido a la villa tendida a sus pies y antaño amurallada, rememora en su conjunto los orígenes medievales subordinados a la incertidumbre fronteriza de la guerra contra la Granada Nazarí. De origen andalusí (siglo XI-XII), el castillo perteneció a los caballeros de Santiago, quienes modificaron sus estructuras durante los siglos XV-XVI, adaptándolo como residencia palaciega del comendador y sede de la Orden, manteniendo no obstante, su poder y potencia militar como una de las más importantes fortalezas de la Sierra del Segura. Restaurada, presenta un magnifico estado de conservación en la totalidad de su arquitectura, dispositivos y estructuras, donde sobresale una robusta Torre del Homenaje, alzada en el siglo XVI. En el sector palaciego, un patio de armas porticado, de columnas góticas y de doble galería, articula una serie de dependencias recayentes al mismo, albergue del Centro de Interpretación Medieval “Vivir en la Frontera”, recreación gráfica y material de los largos periodos medievales en los que la función militar del castillo y de la población de Yeste obedecía a la defensa de la frontera castellano-nazarí. Paneles, armas, maquetas, textos de interpretación…documentan de forma amena y didáctica la dureza y peculiaridades de la vida, civil y militar, durante los críticos periodos históricos de las luchas en estos territorios entre moros y cristianos. En los antiguos calabozos, está instalado el Museo Etnográfico, útiles, herramientas y enseres de la sociedad tradicional de Yeste y sus aldeas.

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Además de este castillo y su entorno urbano amurallado, la Orden era propietaria del castillo de Taibilla, fuerte bastión militar ante los moros de Granada. Asociadas a estas fortalezas, está documentada en el entorno de Yeste y en toda la extensión de la antigua encomienda, la existencia de quince torreones vigía o almenara, enlazados visualmente entre sí, con los castillos y las poblaciones, encargadas de mantener la vigilancia sobre los caminos, lugares de interés estratégico y alertar peligros y asechanzas mediante un código preestablecido de señales, humaredas y fuego, que trasmitía información a grandes distancias y en muy poco tiempo.

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Con la derrota de los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), pasan al control cristiano estratégicos corredores de comunicación con Granada y se fija la frontera castellano-nazarí. La memorable y sangrienta batalla no fue el fin del Imperio Norteafricano, pero si el inicio de su decadencia. Debilitado el aparato militar islámico y perdida su capacidad ofensiva ante el cambio sobrevenido en el equilibrio de fuerzas, favorables a los reinos cristianos, e incapaz de presentar una sólida coraza ante su pujante y creciente potencial bélico, se repliega y se fortifica a la defensiva. No obstante, la resistencia andalusí sostuvo durante dos siglos y medio la frontera de Granada, hasta su conquista por los Reyes Católicos, guarnecida con el escudo protector de las montañas, de la barrera de la Sierra del Segura, en la encrespada orografía del Sistema Subbético donde se emplaza Yeste y su territorio.

La línea defensiva-ofensiva cristiana la componía un rosario de castillos tendidos en una línea Este-Oeste, descendiendo hacia el sur, amplio dispositivo estratégico y punto de partida de expediciones militares. Yeste y su castillo formaban parte de esta línea táctica frente al último de los reinos musulmanes, un territorio en el que ha quedado la impronta peculiar de la vida en la frontera: la Orden de Santiago, necesitada de dispositivos humanos para las guarniciones de sus castillos, proteger y explotar sus posesiones frente al permanente peligro musulmán, concedía generosas condiciones a los repobladores, obligados a cambio al servicio de las armas y sometidos a la dureza de una vida que ha forjado durante siglos la personalidad, sentido de independencia y el sentimiento de ser diferentes de los habitantes de estas históricas comarcas.

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EL PARQUE NATURAL DE LOS CALARES DE LA SIMA

Y DEL MUNDO

Gran parte del término de Yeste y sus aldeas se enmarcan en el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, un quebrado territorio a caballo entre las provincias de Jaén y Albacete, surcado por estrechos y encajados valles de escasas vegas, montañas y barrancos que caracteriza la compleja orografía de la Sierra del Segura. Una difícil geografía para la vida humana, acogida a la agricultura de montaña y sus escasos labrantíos, dominio del secano y donde, por su naturaleza montañosa y sus extensos pastizales, la ganadería ha sido el recurso económico más importante durante siglos. Las desiertas montañas y su variada y rica vegetación, laderas boscosas pobladas de pinos y encinas, reducidos y dispersos tejos, arces y robles, como especies de rango superior, son el refugio de una fauna salvaje, representada por cabras, muflones, ciervos, jabalíes…y la vivaz avifauna que encuentra el hábitat ideal en la soledad del roquedo y los verticales acantilados. Y, como distintivo en el paisaje por su peculiar morfología, Los Calares, formaciones que han dado lugar por su excepcional magnitud a la creación del Parque Natural, zonas que por sus características geológicas conforman sistemas de absorción y canalización de las aguas pluviales que, en este territorio, han dado origen al río Segura y a sus afluentes, Mundo, Madera, Zumeta y Tus.

EL CALAR DEL MUNDO:

El comportamiento de la roca caliza ante las aguas meteóricas, en una doble acción erosiva mecánica y química, determina el desarrollo en profundidad de cursos subterráneos en detrimento de una débil y esporádica circulación exterior del agua. Un ciclo hidrográfico que los geólogos han denominado Karst y que completa su funcionamiento cuando las aguas, tras su recorrido bajo tierra, emergen al exterior a través de las diversas formas de emisión, ríos, manantiales y fuentes. En superficie, las corrientes fluviales o las aguas meteóricas se vierten hacia el interior de los macizos a través de fisuras, simas, depresiones, dolinas o torcas…Los Calares, topónimo descriptivo con los que la observación popular ha fijado en la magnitud del paisaje su función de sumidero.

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El ciclo ha dado lugar, por su peculiar morfología, a desolados paisajes de sobria belleza geológica, de los cuales, el Calar del Mundo (Albacete), es un magnífico y espectacular exponente, donde se dan por completo, en todo su ámbito y a gran escala, los elementos y proceso del funcionamiento del Karst. Una plataforma de una longitud de aproximadamente quince kilómetros por cuatro de ancho, receptora del agua meteórica, da lugar a un sistema de circulación subterránea distribuida por un intrincado laberinto de ramificadas galerías de treinta y dos kilómetros de desarrollo explorados que da origen al Río Mundo. Por la Cueva de los Chorros, abierta en mitad de un impresionante anfiteatro rocoso de absoluta vertical de 300 metros de altura, el río se desploma en el vacío por una cascada que supera los ochenta metros. En determinadas circunstancias meteorológicas, el fragmentado macizo de El Calar recibe la descarga de densos aguaceros: la velocidad de vertido hacia los cauces subterráneos por los verticales sumideros, colma en breve tiempo los embalses interiores y dispara las aguas que salen con violenta fuerza al exterior por la Cueva de los Chorros, provocando El Reventón, tal como el acervo popular ha bautizado este sobrecogedor fenómeno. El admirable Calar del Mundo y la Cueva de los Chorros, es uno de esos lugares cuya belleza y poderoso atractivo se resiste a la descripción más afortunada.

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Rafael Cebrián Gimeno