Dos salidas con la Asociación Española de los Castillos

EL CASTILLO DE CORBERA.

25 de mayo de 2013. Rafael Cebrián Gimeno

 La Comunidad Valenciana es tierra de castillos. Desde la Prehistoria, todas las secuencias del milenario devenir histórico están reflejado por la arquitectura militar, en todas sus manifestaciones y variantes. A la hora de conocer, valorar y conservar todo este inmenso legado del pasado, determinadas fortalezas se imponen en la memoria colectiva por su envergadura y su destacado y continuado protagonismo durante siglos, social y militar. Castillos como el de Xàtiva, Morella, Peníscola o Alicante, forman parte de un conocimiento generalizado del patrimonio histórico que no necesita de presentaciones. Pero no es así con un gran número de fortalezas que salpican la geografía valenciana, castillos menores que, al paso del tiempo y de las modificaciones habidas en el control estratégico de los territorios y las innovaciones de la tecnología aplicada a la maquinaria bélica, han perdido su función como figuras clave en el ajedrez de la guerra. Este es el caso del castillo de Corbera, encumbrado en un altozano sobre la población homónima, entre la sierra del mismo nombre, el río Xúquer y el mar, dominante sobre un amplio sector de la comarca de la Ribera Baixa.

Dar a conocer, proteger, valorar y difundir este legado cultural, en general menos atendido institucionalmente que otros monumentos como los citados, es una de las propuestas de la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE AMIGOS DE LOS CASTILLOS (AEAC). VALENCIA, motivo de la visita realizada el sábado 25 de mayo pasado. Una grata excursión por el conjunto urbano de la población y la importante fortaleza que corona un aislado cerro, a cuyo pie se tiende el municipio. Es de obligación destacar y agradecer en estas líneas la impagable colaboración de Miquel Gómez Sahuquillo, compañero directivo de la ASOCIACIÓN, quien documentó de forma pormenorizada y en todo momento el recorrido de la visita. No sólo en el castillo, sino también en la población, que cuenta con un gran número de casas modernistas, recuerdo de la riqueza de la Ribera en los dorados años de la exportación de la naranja. Miquel une a su formación académica como arqueólogo que avala el rigor en las detalladas explicaciones que impartió, el haber realizado trabajos de estudio en el castillo, recopilados en la reciente publicación del Ayuntamiento de Corbera y editado con el apoyo de la Diputación, Castell de Corbera. Història y Flora, libro compartido en su autoría con Salvador Iñigo Luís. En última instancia añadir que nuestro estimado compañero, es natural de Corbera, una emotiva vinculación a su pueblo que se reflejaba en el entusiasmo en sus explicaciones y en el anecdotario local añadido, al margen del contenido histórico de la documentación expuesta. En esta visita nos acompañó el alcalde de Corbera, Jordi Vicedo Jiménez, quién también intervino en algunos momentos en las explicaciones, interpretando como arquitecto, los dispositivos, aparejos y técnicas arquitectónicas aplicadas en la fortaleza por sus diferentes titulares, en los periodos islámico y cristiano.

El castillo en la historia.- De origen islámico sobre un probable sustrato ibero romano, la fortaleza se conserva en relativo buen estado si la comparamos con la ruina avanzada que habitualmente presenta nuestro maltrecho patrimonio de castillos en el medio rural. Mantiene en pie la totalidad de su perímetro superior, aunque el cerco inferior de un doble recinto y que le confería a la fortaleza una mayor dimensión de la actual, arrasado por el tiempo y la evolución urbana, tan sólo cuenta con aislados y pobres vestigios de su situación. En la parte más elevada del conjunto, en la misma cima del cerro de su emplazamiento y en el lugar donde estuvo la alcazaba, aprovechando las antiguas estructuras islámicas, se construyó una casa gótica, residencia del alcaide, de la cual solamente queda en pie restos de gruesos muros, uno de los cuales, sostenido por robustos contrafuertes de gran tamaño, es un indicativo de las considerables proporciones que tuvo. Disponía de aljibes y amplio albacar. El estético conjunto de la fortaleza, con su estructura superior formando un gran bloque defensivo, muros almenados y la avanzada torre albarrana, resulta elegante y de impresionante aspecto, razones que, unido a sus valores patrimoniales y paisajísticos, bien merecen su detallada visita.

El medio físico y el castillo: el paisaje.- Siempre los testimonios patrimoniales, legado del pasado, se deben interpretar y valorar en toda su magnitud situándolos dentro del contexto histórico y geográfico que los ha generado. Miquel nos informaba, desde la atalaya del castillo y su privilegiada situación del aislado altozano, del entorno físico y la ocupación humana desde la Prehistoria, en una visión totalizadora e integrada de sus componentes y la secular relación de las sociedades tradicionales con su territorio; una visión del paisaje cultural, indisociable del castillo y que ayuda a su lectura a través de sentimientos personales y estéticos.

Dos elementos radicalmente diferenciados identifican el paisaje de Corbera: la sierra homónima, elevada a sus espaldas, perpendicular al mar, y, a pie de monte el inicio de la llanura aluvial atravesada por el río Xúquer. La sierra de Corbera se tiende sobre una longitud de 16 kilómetros y una altura media de 500 metros, modesta elevación pero con desniveles casi íntegros sobre la llanura litoral de bajas tierras. Con su abrupto relieve y asperezas, es el mundo de la montaña mediterránea, roquedales calizos y agudas cimas encadenadas de fuerte pendiente, cobijando entre sus pliegues dos bonitos valles, la Murta y la Casella. Bruscamente, sin transición, la bien definida alineación cede sobre al llano litoral, abriendo el horizonte a un paisaje agrícola profundamente humanizado, de tierras laboradas con el máximo aprovechamiento, del verdor sin fin y la geometría de los campos que al norte se funden con la lámina brillante de los arrozales, hasta identificarse en la distancia con el “lluent” de la Albufera. El brillante espejo del mar limita las tierras de la Ribera, y en este encuentro, los altos de la sierra de les Raboses en Cullera, es la única prominencia sobre la suave línea azul del horizonte con el Mediterráneo. Este colorista paisaje cargado de simbología en su armónica belleza y que contemplamos desde la fortaleza, expresa, en el territorio visualmente dominado, su función estratégica territorial, asociada al río como frontera y vía fluvial cuando era navegable hasta Alzira; a los caminos hacia el sur; su vinculación defensiva con la fortificada Cullera; su recinto protector de la población y la custodia de la inmensa dispensa agrícola tendida hasta las orillas del mítico Mediterráneo.

CASTILLO DE LAS CUATRO TORRES O DE LOS AGUILAR. ALAQUÀS

15 de junio de 2013. Rafael Cebrián Gimeno.

Alaquàs es un municipio de l´Horta cercano a Valencia, situado junto a Xirivella y que cuenta con un valioso patrimonio arquitectónico, el Castell, más bien palacio, pero que por la envergadura de su maciza estructura, de gran solidez y sus cuatro torres, se identifica por completo con las construcciones de corte militar. El castillo-palacio de los Aguilar está integrado en el contexto urbano y junto a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XVII), con la cual se comunica por un sector, el oratorio que fue de uso señorial. Se trata de un destacado edificio de grandes dimensiones, de planta cuadrangular con torres esquinadas de 25 metros de altura y cuatro niveles, construido en el siglo XVI, periodo en el que Luís Pardo de la Casta ostentaba la titularidad de primer conde de Alaquàs. Mansión nobiliaria monumental, de amplio vestíbulo y patio interior que conserva en sus dependencias y distintas plantas, notable artesonado y pavimento.

Fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1918 y Bien de Interés Cultura (BIC) en el año 1999. Después de un intento de derribo, adquirido por el ayuntamiento y restaurado en las últimas décadas, su conservación como patrimonio es del todo encomiable, gracias a su buen estado de conservación y del esmero en su mantenimiento de que es objeto por parte del ayuntamiento. Puesto al servicio del ciudadano, su visita es gratuita y guiada; sede de exposiciones, conciertos… cuenta con biblioteca y dispone de aulas como colegio que acoge a más de un millar de alumnos de la población. Un logro de la cultura local y del esfuerzo y voluntad de un pueblo y su ayuntamiento, gracias a los cuales contamos con este monumental testimonio de nuestra historia.

Esta salida forma parte de un proyecto de visitas a localidades cercanas a Valencia, donde existen significativos testimonios de la arquitectura militar de todos los tiempos, a municipios a los cuales se puede llegar mediante el transporte público -autobús o metro-, pudiendo prescindir del automóvil propio como medio. Visitas culturales que ocupan la mañana solamente, con el regreso a mediodía a casa. Alaquàs ha sido una buena experiencia de este proyecto. De su buen resultado debemos mucho a la amable compañía del director del Castell, Carlos Barberà, cicerone insustituible que atendió y documentó en todo momento nuestra visita.

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