2011. AÑO DEL PATRIARCA JUAN DE RIBERA

Hasta el 29 de Junio habrá jornada de puertas abiertas en El Patriarca, que incluye dependencias que habitualmente permanecen cerradas al público, como actividad principal de las programadas por el Consorcio de Museos para recordar el 400 aniversario del fallecimiento de San Juan de Ribera, Patriarca  y fundador del Real Colegio Seminario del Corpus Christi de Valencia, más conocido popularmente como Colegio del Patriarca. Como complemento a lo anterior, hasta el 21 de Mayo el Archivo del Reino de Valencia (Paseo de la Alameda) exhibirá documentos inéditos de la época y a finales del próximo mes de junio se celebrará un Congreso musical internacional con media docena de conciertos que el Institut Valencià de la Música (IVM) ha organizado en colaboración con la Universidad de Valencia.

El Colegio-seminario fue diseñado por el arquitecto Guillem del Rey y construido a partir de 1565 por iniciativa de Juan de Ribera, entonces arzobispo, que estuvo pendiente de todos los detalles de su construcción y decoración. Contrasta el espartano exterior con fachadas a las calles Nave, tramo que comparte con la vieja Universidad, Cruz Nueva y la dedicada al colegio, con su interior, que alberga uno de los mejores claustros renacentistas de España y magníficas colecciones de obras de arte repartidas por la iglesia, la capilla de la Comunión, la sacristía, la capilla de las reliquias, la sala de ornamentos, el refectorio, el patio romano, el claustro, el museo y otras dependencias. El Institut Valencià de Conservació i Restauració de Bens Culturals (Ivacor), trabajó entre los años 2006 y 2010 en la selección, recuperación y restauración de más de un centenar de obras de arte, documentos y objetos para transformar el gran complejo arquitectónico en un lugar musealizado.

La iglesia, construida entre 1591 y 1595, es de una nave, con capillas laterales y cúpula de media naranja, recordando en menores dimensiones el modelo del Escorial. Alta cenefa de azulejos cubre las partes bajas de la paredes y el resto del espacio está revestido con grandes frescos ( cuya limpieza ha pagado la Consellería de Cultura ) pintados por el genovés Bartolomé Matarana, quien cumplió instrucciones del Patriarca para que fueran un modelo impactante del mensaje de una iglesia de la Contrarreforma.

En la capilla de la Comunión, también azulejos, grandes tapices flamencos y óleos de Tomás Hernández, discípulo de Matarana, y en la pinacoteca, pequeña pero muy interesante, obras de El Greco, Francisco y Juan Ribalta, Pedro Orrente, Joan de Juanes, Juan Zariñena, Nicolás Borrás, Caravaggio, Ignacio Pinazo, Dirk Bouts….. Asimismo, un Cristo románico, retablos y una cruz tallada en miniatura procedente del Monte Athos. Es una valiosa selección de las más de 400 obras de arte que atesora el Colegio-seminario.

A las actividades citadas hay que añadir las organizadas por el propio Colegio, la Universidad Cardenal Herrera y el Arzobispado.

Exposiciones y actividades para resaltar la dimensión humanística del Patriarca pero obviando su fracaso evangelizador de los moriscos y su decisivo papel para su expulsión.

EL PELIGRO DE LA HUMEDAD Y EL DRAGÓN

Sin embargo, el acicalamiento interior del conjunto urbanístico contrasta con el abandono exterior, necesitado de una limpieza general y solucionar con rapidez los tramos con humedad debidos, principalmente, cuando al peatonalizar las calles que rodean el edificio taponaron la salida inferior de las canales y las dejaron convertidas en depósitos de agua de lluvia que ha ido corroyendo las tuberías metálicas y filtrándose posteriormente en las paredes con el peligro de deterioros en las decoraciones interiores.

Popularmente El Patriarca es conocido, antaño más que ahora, por la leyenda de su dragón, en realidad un pequeño caimán disecado que el marqués de Monterrey, virrey del Perú, regaló al entonces arzobispo de Valencia y patriarca de Antioquia Juan de Ribera. Según la Enciclopedia de la Región Valenciana algunos autores creen que simboliza el silencio, y según la leyenda popular a un dragón monstruoso que había asolado y atemorizado a las poblaciones de l’Horta hasta que lo mató un judío converso, cuyos delitos fueron perdonados por su hazaña.

En el cuento de Vicente Blasco Ibáñez, publicado en 1893, el reo venció al dragón tras aturdirlo con un traje recubierto de espejos.

Silencio simbolizado que está en línea con el “Si parleu a la panxa vindreu” que les decían antaño las madres valencianas a sus hijos con referencia al dragón para que estuvieran callados durante las celebraciones en la iglesia del Patriarca.

Esteban Gonzalo