CAMPORROBLES Y EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE EL MOLÓN

Camporrobles.

En el extremo más occidental de la Comunidad Valenciana la población de Camporrobles contempla por igual las tierras valencianas y la cercana Castilla en sus confines, lindante su término con el municipio conquense de Mira. Situada a noroeste de la comarca de la Plana de Utiel y en la encrucijada de caminos de la historia entre la Meseta y el Mediterráneo, Camporrobles conserva la lejana memoria del pasado con el legado que iberos, romanos y musulmanes dejaron a su paso por estas tierras. El extenso territorio de la Plana de Requena Utiel, sector oriental de la Meseta Central, en el año 1851 se adscribe a Valencia en la nueva división administrativa provincial del Estado, una incorporación que fortalecía con carácter oficial las ancestrales relaciones comerciales y humanas entre ambas comunidades y que, por razones de proximidad y peso económico, para estas tierras castellanas resultaban más factibles y provechosas con Valencia que con su capital, Cuenca. La jurisdicción valenciana sobre estos territorios vecinos, aceptada voluntariamente por gran parte de la población, sancionaba ancestrales relaciones y vínculos de hermandad ya existentes desde hacia siglos. Desde época romana y durante el periodo islámico, el territorio estuvo bajo la influencia mediterránea, hasta que con la conquista de Jaime I, y en el reparto de tierras con Alfonso X, la comarca quedó en el Reino de Castilla. Las características del relieve, la lengua y la cultura que distinguen y singularizan la Valencia Castellana, o, bien, la Castilla Valenciana, es un hecho humano, geográfico y cultural más que enriquece la pluralidad de nuestra tierra.

El Parque Arqueológico Temático de El Molón.

El yacimiento de El Molón ocupa la cúspide de una muela caliza de 1.124 metros de altitud, elevada en las proximidades de Camporrobles y en el límite provincial con Cuenca. Un yacimiento sumamente interesante, de relevante interés por su estratégica situación geográfica en el tránsito de la Meseta al Mediterráneo, control de vías de comunicación en la zona fronteriza entre los pueblos celtiberos e iberos. Por estas características de dominio visual y la topografía del enclave, favorable de manera natural a su fortificación, la muela ha estado habitada de forma estable desde finales de la Edad del Bronce e inicios de la Edad del Hierro, hasta el siglo X, salvo un periodo durante la romanización en la que los asentamientos pasaron a la llanura. En la época islámica fue lugar fortificado militar de cierta envergadura y asentamiento que contaba con una mezquita. Abandonado por completo el conjunto como lugar de hábitat, siguió recibiendo la visita esporádica de campesinos y pastores. Como último episodio de su histórico protagonismo, durante la Guerra Civil, en el año 1937 se construyó un aeropuerto militar en el llano, del cual solamente queda como testigo una caseta de observación situada en la cima de El Molón. El inmenso y relevante patrimonio que atesora este singular yacimiento, rescatado del olvido a través de una serie de campañas de la Universidad de Alicante y la Complutense de Madrid y valorado culturalmente, está conservado y dispuesto desde el año 2008 para el disfrute ciudadano, como Parque Arqueológico Temático.

El Centro de Interpretación de El Molón.- El interesante recorrido del yacimiento es aconsejable vaya precedido de la visita al Centro de Interpretación, como lectura previa de los vestigios arqueológicos y ayuda para su mejor comprensión. Paneles, planos, dibujos, fotografías, textos, réplicas virtuales, noticia del urbanismo y de los sistemas defensivos…dan una completa panorámica de los siglos de ocupación de la muela, la evolución en las sucesivas etapas culturales, cronología de los asentamientos y de las distintas sociedades que lo habitaron, su economía, sus modelos de vida y el universo de sus creencias, ceremonial y ritual funerario. El paso por el Centro de Interpretación y la modélica exposición ilustrando el pasado del yacimiento y sus peculiaridades, es una valiosísima aproximación a tan excepcional monumento del pasado, testimonio durante siglos de superposición cultural.

El recorrido del yacimiento es para hacerlo solamente a pie, se inicia desde el mismo Centro de Interpretación junto a la zona habilitada de aparcamiento para los visitantes, un sendero que, en principio, remonta la ladera de la muela hasta alcanzar en unos 20 minutos la cumbre, una meseta de desigual topografía donde se distribuyen los vestigios de los distintos asentamientos. La extensión de la ocupación humana permanente durante largos periodos, es muy grande y en su totalidad está documentada con mesas de lectura que permiten seguir un itinerario y conocer en cada uno de los lugares su función, cronología y urbanismo. Desde los altos del Molón el paisaje se agranda en el horizonte por tierras agrícolas de tonalidades castellanas, de tradición cerealista y ganadera y montes que cubre el oscuro verdor de los pinares. Esta cualidad de privilegiado mirador, por la posición destacada y aislada de la muela, sin elevaciones en su entorno que se le antepongan y reconocible su silueta desde lugares muy lejanos, explica la potencia como asentamiento humano de El Molón en sus funciones militares de control sobre las vías de comunicación, dominio visual del territorio circundante y la custodia de la riqueza agrícola, factores que históricamente han decidido los emplazamientos de altura. La estrategia del enclave se consumaba por su fácil defensa, aprovechando los escarpes naturales del relieve, como la más eficaz fortificación. A los pies de la muela y en las cercanías de Camporrobles, una depresión ha sido el vaso de una laguna, desecada en el pasado siglo, el agua como factor de vida, asociado a la ganadería y la agricultura, como un elemento vital más determinante de los notables asentamientos de Camporrobles.

El Molón merece una detallada visita por ser uno de los yacimientos más relevantes de las comarcas valencianas, una visita para hacerla con calma y que ayude a interiorizar y comprender la huella del pasado desde la Prehistoria inscrita en el paisaje. Vale la pena dedicar una mañana: cualquier época puede ser buena, valorando de antemano el frío y el calor que, en estas tierras del interior, se manifiestan en sus extremos continentales. Camporrobles da la acogida amable al visitante para cerrar una recomendable excursión. Cómo llegar: desde Valencia por la A-3 hasta Utiel y de allí a Camporrobles por la CV-470. Información y contactos: Ayuntamiento de Camporrobles (96 218 10 06). www.camporrobles.es

Visita realizada el sábado 16 de noviembre de 2013

Rafael Cebrián Gimeno

 

Excursión a La Albufera

El sábado día 2 de marzo nos fuimos de excursión a La Albufera. Embarcamos en El Palmar e hicimos un precioso recorrido por el lago hasta llegar al puerto de Catarroja. Vimos muchas aves acuáticas de todo tipo y color. En el puerto fuimos recibidos por D. Miguel Ramón Martí Matíes, Licenciado en Arquelogía, quien nos invitó a visitar el museo de cerámica y antecedentes de La Albufera, conocido como “Casa Sulema”. Es un museo digno de visitar y que proporciona importante información no sólo sobre el lago sino sobre otros elementos relacionados con él, como el arroz, la vela latina, la antropología, los antecedentes históricos, etc.

Paco Gregori

CHULILLA Y LAS HOCES DEL TURIA: LOS PAISAJES VERTICALES

El camino de los pantaneros y de los gancheros en Chulilla

En otoño del 2012 nuestra Asociación hizo una excursión a Chulilla, una visita siguiendo el propósito de conectar, dialogar y apoyar con nuestros medios de comunicación a los municipios afectados por los incendios del verano y, conocer, de primera mano, las negativas consecuencias que han tenido para el turismo rural. El término municipal de Chulilla sufrió las consecuencias de un devastador incendio que, afortunadamente, no alcanzó a la población, pero si a su inmediato entorno, dañando al bosque y matorral en amplias zonas, testigo a la vista, desde cualesquiera que sea el punto de aproximación al pueblo, del paso desolador de las llamas. Sus mayores encantos naturales y valores paisajísticos no se han perdido, quedaron a salvo. Las zonas afectadas entran, tras el invierno y primavera, en el inicio de su recuperación, un largo proceso medioambiental en el que es necesaria la sensible colaboración humana con los ciclos de la naturaleza que haga posible legar a las futuras generaciones la pureza de los paisajes, para que éstos sigan siendo respeto al medio ambiente, calidad de vida y el recurso de un turismo sostenible.

En aquella visita que ahora recordamos, en la que recorrimos el casco urbano y el castillo, al término de la excursión, la comida en el balneario y posterior debate, estuvimos acompañados por el concejal de turismo Vicente Polo, compañero y, en todo momento, amable cicerone. La brevedad de un día daba lugar, tan sólo, a una rápida perspectiva de los encantos de este pueblo, uno de los más bellos de las tierras valencianas. Chulilla oferta al viajero como propuesta turística dos diferenciadas vertientes complementarias de su término: el pintoresco enclave de la población y su patrimonio histórico, y el medio natural. La trama urbana medieval, tendida sobre la ladera de una escarpada muela que corona un castillo de origen musulmán, da sobrados motivos para una inolvidable visita. Y, por otro lado, la accidentada topografía caracterizada por los rasgados paisajes verticales en la espectacular perspectiva de un desfiladero calizo, cerrada hoz y angosto corredor por donde las aguas cautivas del Turia han modelado uno de los paisajes fluviales más admirables de nuestras tierras. Una doble oferta turística sostenible que combina el atractivo de los paisajes humanizados con el disfrute del medio natural, de la naturaleza para ser vivida paso a paso y por el propio esfuerzo.

La escalada en Chulilla: los caminos verticales.

Hace ya varias décadas que el variado y vigoroso paisaje rocoso de Chulilla, quebrado sobre los gruesos mantos calizos dominantes, ha sido un lugar de encuentro del montañismo valenciano en su faceta más comprometida y espectacular, la escalada. Los caminos verticales, cara a cara en la superación de las vertiginosas paredes, largas fachadas rocosas que flanquean el río, congrega los fines de semana y festivos a gran número de escaladores, valencianos y de otras comunidades, en esta escuela de escalada, una de las más importantes de nuestra Comunidad y de reconocido prestigio nacional. En principio, la búsqueda de las vías de ascensión se centró en la Muela del Castillo, emplazamiento de la fortaleza alzada sobre las laderas donde se asienta la población. La variedad morfológica, verticalidad de las paredes que miran al río, de excelente y compacta caliza, su proximidad al pueblo y facilidad de acceso, han consolidado el paraje como la primera escuela, con un elevado número de vías de variada dificultad, hasta los grados de mayor exigencia y nivel técnico. Al paso del tiempo, la permanente actividad encabezada por escaladores de elite, fue abriendo rutas sobre los retablos tendidos a lo largo de la Hoces, en un largo trecho de su impresionante desfiladero entre Chulilla y el embalse de Loriguilla. Hoy el número de rutas abiertas se cuenta por centenares. Están equipadas, es decir dotadas de unos elementos fijos auxiliares que permiten el acrobático ejercicio de trepar por la roca, desafiando la extrema dificultad, con un margen muy amplio de seguridad.

Por las Hoces: El Camino de las Pantaneros y de los Gancheros

Volviendo al recuerdo de aquella visita de la Asociación a Chulilla y a nuestro guía, el ya citado Vicente Polo, en aquel entonces nos informó que se estaba equipando unos tramos en las hoces del río para hacer posible seguir su curso junto a las aguas por su sector más espectacular, entre Chulilla y el embalse de Loriguilla, por el paraje de Los Calderones. Pues bien, ya está finalizado y transitable el camino, a falta tan sólo de completar con la información en los paneles, dispuestos a lo largo del recorrido y pensados para dar la lectura del paisaje en sus aspectos naturales y sociales, memoria de los pantaneros y de los gancheros. El camino desciende al cauce del río, bien protegido con pasamanos que evita el peligro que supone su abrupta pendiente y que nos lleva a dos puentes colgantes sobre las aguas. La continuidad hasta el embalse de Loriguilla, siempre orillando las aguas, bajo los imponentes acantilados que conforman el desfiladero, acompañados por el rumor del río, la vegetación y el marco sobrecogedor de un impresionante relieve, es un verdadero deleite de los sentidos. Estas instalaciones, logradas por el convenio entre la Diputación y el Ayuntamiento de Chulilla, aproximan el turismo deportivo, de la escalada, acortando las marchas de aproximación, y del senderismo, haciendo posible un grato excursionismo asequible a una mayoría.

Dos veces en poco tiempo he recorrido este camino, la última el pasado 21 de abril. Aquí encontramos bien representada la escalada, activa en la diversidad topográfica de las interminables paredes, compartiendo espacio con el amable ejercicio senderista. El camino lleva el nombre de los Pantaneros, en recuerdo de quienes ganaban su salario en la construcción del embalse de Loriguilla, allá por los años sesenta del siglo pasado, y cubrían a pie el trayecto hasta el lugar de trabajo. Pero hay más, el camino tiene su historia con el lance de los Gancheros, los trabajadores del río, collas de especialistas que acompañaban a las maderadas que desde Ademuz bajaban hasta Valencia por la fluida cinta del río, un duro y arriesgado oficio, orientando los árboles sobre la fuerza de las aguas, auxiliados con largas pértigas a cuyo extremo una punta de lanza y un saliente curvo, el gancho, era su única herramienta de trabajo: de ahí les vino lo de gancheros. Un transporte fluvial que terminó a finales del XIX, un apunte más de la crónica de oficios extinguidos.

Cuenta Cavanilles que, en las estrechamientos de las hoces, del río sin orillas, encajado entre paredes verticales que superan los cien metros, era frecuente que los árboles (maderos) volteados por el ímpetu de la corriente, entrechocando se trabaran levantando un dique que impedía la progresión de las maderadas, un serio obstáculo que se había de solucionar rompiendo la trama de los árboles apilados con la intervención de los gancheros, incluso, utilizando explosivos. Para ello, descolgaban con cuerdas a los especialistas sobre las inestables barreras, en una difícil y peligrosa operación: ”… algunos infelices pagan con la vida, ó arrebatados de la corriente siempre violenta en aquella estrechez, ó heridos de algún madero que se precipita con furia al romper la barrera”, un conmovedor testimonio de la crónica negra del transporte fluvial que nos relata Cavanilles en sus Observaciones. Pantaneros y Gancheros, historia del trabajo y de la ardua vida de los más humildes, relato de infortunios, penalidades del día y de míseros salarios ganados con fatiga y peligro, en tiempos no muy lejanos, y que es ahora memoria rescatada en la majestad de los cautivadores paisajes verticales de las Hoces.

Rafael Cebrian

SEGUNDA VISITA DE LA ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS Y ESCRITORES DE TURISMO (AVPYETUR) A LA ALBUFERA

 Rafael Cebrián Gimeno.

 El pasado sábado 2 de marzo realizamos la proyectada segunda visita a la Albufera, en esta ocasión siguiendo un itinerario diferente al anterior y que, entonces tuvo como objetivo el Centro de Información del Parque y la Montanyeta dels Sants. En principio, la travesía desde El Palmar hasta el Port de Catarroja, canal y embarcadero, donde las barcas tradicionales, impulsadas por la vela latina o la pértiga, y algunos antiguos edificios relacionados con la actividad pesquera de antaño en la población, recuerdan un dinámico y secular pasado, no muy lejano en su protagonismo. Surcar el espléndido “Lluent”, vivir de cerca los espacios y singularidad de los paisajes del agua, es, siempre, una bella y grata experiencia de las muchas que el encanto del lago prodiga en su extensa superficie y entorno. Estuvimos acompañados en todo momento por José Segarra, director del Parque Natural de la Albufera, como anfitrión, compañero de ruta y que, con sus explicaciones sobre el espacio natural y humano agrupado bajo su responsabilidad y protección institucional, dio contenido formativo y cultural a esta interesante visita.

 

Catarroja y su vinculación afectiva y cultural a la Albufera: El lago, el puerto de pescadores, huertas y la Marjal, conforman los paisajes naturales y humanos del entorno de Catarroja, espacios productivos y el medio en el que se ha desarrollado la vida económica y social de la población a través de su histórica dependencia a los recursos de la Albufera y a las tierras agrícola de sus márgenes, un largo proceso de diálogo con el territorio reflejado en los paisajes culturales del hombre la tierra y el agua. Una población que mantiene emotivamente el legado cultural milenario generado por el medio lacustre y las tierras pantanosas, afines al extenso cultivo del arroz. Mucho ha cambiado el modelo de vida del pueblo desde las atropelladas décadas del desarrollismo de los 70/80 del siglo pasado hasta nuestros días, sin que esta evolución social y económica haya quebrado en su totalidad la memoria y las raíces ancestrales de un pueblo, indisociable a un territorio en el que se dan cita todos los elementos definitorios de las sociedades tradicionales en su directa comunicación con la Albufera como espacio de vida.

 

CA SULEMA.- Así, con mayúsculas podemos significar esta casa, aislada junto al canal de salida del Port de Catarroja, uno de los edificios que, junto al de Vaina y la Primitiva, permanecen en el tiempo como viejos testimonios de los trabajos asociados a la fuerte actividad pesquera de tiempos pasados. Esta casa familiar alberga, compartido con la vivienda, un interesante museo en su mayor parte exponente de identificación cultural en todas sus vertientes de la Albufera. En su interior una barroca y abigarrada recreación en azulejos, escenifica la Albufera mítica, sus habitantes, plantas y leyendas, entre las que no falta “La Sancha”, una fábula valenciana que ha hecho fortuna en la Devesa y que relata la sorprendente relación afectiva de una serpiente y un pastor que, con los melodiosos sones de su flauta, enternecía al reptil, inaudita comunicación entre seres tan profundamente diferenciados y que termina, de forma imprevista en tragedia, con un abrazo de la serpiente, de gran tamaño que, sin tener medida de su fuerza, asfixia a su compañero en un mortal abrazo que quiere con su fuerza ser afectivo.

 

En otra perspectiva, organizada y expuesta, en un espacio muy reducido -porque de más no disponen-, se acumulan colecciones, documentos, fotos, fósiles…exóticas piezas, herramientas, útiles…un largo etcétera que por su abundancia no es fácil enumerar y que tiene el profundo valor de significar y conservar la memoria de la vida en la Albufera y de sus gentes. El insólito y, en gran manera desconocido museo, no se ha quedado en lo que atesora, ya que sus mantenedores siguen incrementando las colecciones con nuevas y enriquecedoras adquisiciones. Este museo es una iniciativa familiar, sostenida a sus expensas y huérfana de ayudas de la Administración. Ca Sulema materializa el compromiso de gentes nacidas en este municipio que se sienten identificadas con un notable legado cultural y que quieren conservar, íntimamente sabedores de que la mayor riqueza de un pueblo es la memoria de su pasado. Es de obligación felicitar a esta familia singular por llevar adelante tan meritoria institución, especialmente a Miquel, arqueólogo e historiador, joven miembro de la familia que nos explicó, pacientemente y con todo detalle, con precisiones y anécdotas, el significado y singularidad del patrimonio en su conjunto albergado por SULEMA.

 

Los paisajes culturales, patrimonio colectivo.- Ca Sulema, es, además de museo, la sede social de la L´Assocciació de la Vela Llatina de Catarroja, una entidad a la cual me refería en mi anterior artículo en esta página, que tiene como objetivo la conservación y práctica de esta histórica y elegante forma de navegación. La navegación a vela en la Albufera es otra vertiente típica a conocer y admirar, hoy una actividad puramente deportiva y un testimonio más del pasado que permanece por la voluntad y los recurso personales de gentes del pueblo, por su entrañable compromiso con las tradiciones, ya que su utilización como forma de desplazarse sobre las aguas entre las orillas del lago, se ha sustituido por el motor.

 

Valencia capital cuenta en su entorno periurbano con los paisajes culturales entre los más importantes del Mediterráneo. Contadas son las ciudades de Europa que pueden vanagloriarse, como Valencia, de la singularidad de un cercano ámbito a la urbe que compendia siglos de historia y de señas de identidad de los pueblos que, al paso de los siglos, han dejado su huella y han construido con sus manos estos paisajes: la huerta y la Albufera. Están donde termina la ciudad, en espacios sin transición, sin zonas degradadas ni suburbios. Desde las últimas casas empieza la relación de la ciudad con los territorios que con su explotación tradicional suministraban productos alimentarios de consumo, de la agricultura y de la pesca, productos del trabajo que le han permitido llegar a ser lo que es.

 

Dejando la Huerta -que es otra historia-, estamos en la Albufera, que también empieza nada más abandonar Valencia, por huertas y arrozales, paisajes agrícolas construidos sobre tierras que fueron arrebatadas al lago. La Albufera ha sido para la Asociación un motivo muy especial en la concesión de la distinción Cavanilles, homenaje que anualmente concede a personas o entidades que se han significado en la protección medioambiental y en la promoción de un turismo sostenible. En el pasado año 2013, el Parque Natural de la Albufera recibió esta distinción, cuando se cumplían los veinticinco años de la creación de este espacio protegido.

 

La continuada tarea protectora y de regeneración llevada a cabo en los veinticinco años de existencia del Parque, ha salvado nuestro lago: en los años 70/80 del siglo pasado, la Albufera agonizaba con todas las características de hipertrofia extrema en todos sus ciclos, cuando ya su estado medioambiental y presión especuladora, era la crónica de una muerte anunciada. Ahora ha mejorado y está salvaguardada por una normativa institucional, y, en su delicado y singular espacio, se armoniza la conservación medioambiental con las tareas tradicionales, pesca, caza y agricultura, actividades consustanciales con las características y ciclos naturales del lago, sin los cuales es difícil concebir la Albufera, indisociables de su historia y que son en la actualidad, paradójicamente, garantes de su conservación. El lago es Valencia y también Europa, como privilegiado albergue de la avifauna que cruza el cielo comunitario desde los lejanos países boreales. Los valencianos podemos sentirnos legítimamente orgullosos de que este excepcional patrimonio, en el que tanto hay de nuestra historia, sea un bien del colectivo ciudadano que debemos honrar y sostener. Es de obligación agradecer a todos los que han hecho posible con su esfuerzo y voluntad este logro, y sobradas las razones por las cuales, la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo, ha reconocido esta encomiable labor al Parque Natural de la Albufera y a su director José Segarra.

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Excursion a Chulilla

El sábado dia 17 de noviembre, la AVPYETUR organizó una visita a Chulilla, Municipio del interior de la Comunidad Valenciana, de la Comarca de La Serranía, situado en la cuenca media del Rio Turia y a 322 metros de altitud.

La visita de la Asociación, dado el reciente incendio forestal que asoló gran parte de la vegetación del Municipio, pretendía asumir la realidad turística actual y futura del mismo enfocada con una perspectiva positiva, pues los recientes incendios han dejado a la vista y han reforzado el valor geomorfológico de muchas zonas de la Comunidad, algunas de las cuales han sido declaradas parques geomorfológicos.

Acompañados por el Concejal de Cultura, se visitó el núcleo urbano y el castillo, y posteriormente nos reunimos en una comida que tuvo lugar en el Balneario de Chulilla, manantial minero-medicinal, cuyas aguas brotan a 24º de temperatura, con una magnífica  infraestructura médica, hotelera y gastronómica.

En la comida estuvimos acompañados por el Dr. Xavier Marí i Cerezo, Director Médico del Balneario de Chulilla, y por D. José Alfreo Pellicer, Director Territorial de Turismo de Valencia, de la Generalitat Valenciana.

A los postres, se incorporó el Sr. Alcalde de la Localidad, y se inició una mesa redonda sobre los objetivos de la visita antes enunciados.

EL FRESNAL DE BUÑOL

“CICLO LOS BOSQUES MEDITERRÁNEOS” Centro Excursionista de Valencia. EL FRESNAL DE BUÑOL, LA MAGIA DEL BOSQUE CADUCIFOLIO EN OTOÑO.

2011 Año Internacional de los Bosques, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

 

Como continuidad del ciclo excursionista dedicado al bosque mediterráneo, una propuesta de adhesión al Año Internacional de los Bosques que se viene realizando en el Centro Excursionista de Valencia, el 26 de noviembre pasado fue dedicado a El Fresnal, excepcional espacio forestal de grandes valores botánicos y paisajísticos, con una travesía entre el Caserío de Mijares, aldea de Yátova, y El Rebollar, ambas localidades en la comarca de la Hoya de Buñol. El fresno es un árbol caducifolio, razón por la cual se ha elegido una fecha de celebración de la visita en pleno periodo otoñal, por el mágico encanto colorista que la estación presta a las especies que pierden sus hojas. Una especie mediterránea exigente con la humedad, propio de ribera o de lugares frescos y umbríos y que ha sido tradicionalmente utilizado por los campesinos para la obtención de varas. El fresno y sus reducidas agrupaciones en las tierras valencianas, retrocede en extensión por el cambio climático. El Fresnal de Buñol es un espacio forestal protegido por la rareza y concentración del arbolado de esta especie.

 

El recorrido trascurre por un sector de la sierra Malacara, cruzando una magnifica y extensa superficie forestal. En las vertientes de umbría de la Rambla Quisal y la del Fresnal, podemos admirar fresnos (fleix), -el mismo topónimo resulta revelador, nominando una zona-, agrupados formando bosquetes o integrados en el denso pinar, junto a carrascas y también aislados ejemplares de arces (auró), madroños (arbocer), quejigos (roure)…todo ello enriquecido por el cerrado sotobosque de gran biodiversidad. La belleza boscosa y del paisaje, las buenas condiciones medioambientales y el encendido colorido otoñal de las especies caducifolias que adornan este recinto, son componentes que dan un gran valor excursionista y botánico a la salida.

 

La sierra Malacara: Se levanta la sierra entre los términos de Siete Aguas y de Buñol, con límites septentrionales marcados por el río de Buñol y por el sur por el río Mijares. En sus límites al Este, los montes de este sistema, con una altitud máxima de 1.118 metros en el pico Nevera, se alzan en brusco escalón sobre los llanos que descienden hasta el mar. Estas primeras montañas a poniente de Valencia, conservan una importante reserva forestal, pese a los repetidos incendios, con amplias zonas recuperadas gracias a la repoblación espontánea, la fuerza de la naturaleza y su permanente evolución, todo un canto de resistencia de la vegetación en el medio natural y ante la adversidad. La belleza y profundidad de los bosques es la mayor manifestación de la intensidad vital de la naturaleza, donde viven más del 65 % de las especies de la tierra.

 

 

Rafael Cebrián Gimeno.

UTIEL Y LA CASTILLA VALENCIANA.

Utiel y Requena comparten la capitalidad de la comarca que al nombre de ambas ciudades, antepone el de La Plana, aunque también es conocida como La Meseta o el Altiplano, sinónimos de una denominación descriptiva para un territorio inscrito geográficamente sobre la continuidad de la meseta castellana, una desigual plataforma elevada a poniente de Valencia en sus límites con Cuenca. La forma tabular que caracteriza la morfología comarcal, configura un mosaico de coloristas y variados paisajes tendidos sobre un relieve con límites que define con decididos rasgos sus márgenes territoriales: A Oriente y Mediodía el largo valle del Cabriel, profunda garganta que desde Contreras y el fascinante desfiladero de las Hoces, dibuja con precisión en un amplio arco -durante 100 kilómetros la frontera natural con Cuenca y Albacete-, hasta confluir en Cofrentes con el Júcar. Al Este, el puerto de las Cabrillas, con la sierra de Malacara sobre la Hoya de Buñol, es el brusco escalón desde el cual la meseta se asoma a los llanos marítimos cubiertos del verdor de las huertas sin fin de Valencia. Y, por último, las sierras de Negrete, Juan Navarro y El Tejo, alineadas sobre el sector noroeste comarcal y alzadas sobre la profunda depresión que al norte recorre el modesto curso fluvial del Reatillo, conforman a modo de cornisa de hasta 1.300 metros de altura, la mayor elevación de la meseta que desde aquí hacia sureste bascula decreciendo de los 900 a 600 metros de altitud media.

Con estos componentes naturales y en la mayor extensión comarcal, el relieve se resuelve con una serie de onduladas colinas y sierras, amplios valles y llanos, en contraste con sus abruptos márgenes. Contrastes que dan relevancia a una comarca singular, diferente al resto de los territorios de las tierras valencianas por sus paisajes naturales y humanos que enriquecen su histórico pasado. Paisajes coloristas de cambiantes tonalidades al paso de las estaciones por un clima de rasgos continentales, seco y frío, determinante de los cultivos, secanos en su mayoría, con la viña como protagonista del paisaje agrario. Una comarca que bien vale la pena recorrer, andarla para mejor intimar con su pasado, vivir sus tradiciones y fuerte arraigo castellano, saborear una gastronomía sabrosa y fuerte, de pastores y arrieros, de tiempo frío, y buenos vinos. Paisajes, gentes, tradiciones, historia, factores que asociados nos dan la lectura e interpretación de una comarca, su identidad y relevancia.

En el 1851 los amplios términos de Requena y Utiel, con sus aldeas y caseríos, lo que es ahora la comarca de mayor superficie de las tierras valencianas, se incorpora a Valencia, segregándose por propia y libre voluntad de Cuenca, su capital histórica. Una incorporación en la nueva división provincial de España que sancionaba administrativa y políticamente la estrecha y ancestral vinculación, económica y afectiva que estos territorios sostenían con el Cap i Casal del Antiguo Reino. Históricamente, y por razones de proximidad y más fácil comunicación con Valencia -a día y medio de camino, mientras que a Cuenca eran 4 días-, las relaciones comerciales con Valencia fluían con naturalidad, como proveedor cerealista y de los derivados de la ganadería, la salida al mar y como potencial de intercambio de una floreciente industria sedera y textil. Recuperaba lo que en época romana y musulmana era una realidad de convivencia y que, en el siglo XIII, tras la conquista cristiana y el reparto de tierras entre Jaime I y Alfonso X, pasó a formar parte del Reino de Castilla, en la frontera con el recién creado Reino de Valencia. La estrecha relación de vecindad se ha fortalecido, de tal manera que “La Valencia Castellana” o “La Castilla Valenciana”, con sus enriquecedoras diferencias, de lengua, cultura tradiciones y costumbres de recia impronta castellana, sus tierras y gentes hermanas, que se son y se sienten valencianas, comparten destinos con la Comunidad Valenciana

UTIEL

Utiel conserva el barrio antiguo con un entramado callejero fiel al urbanismo medieval, en un armónico conjunto enmarcado por el primitivo cerco de murallas, demolidas en el siglo XIX por las exigencias de expansión ciudadana. Calles estrechas y callejones, caserones blasonados y muchas casas manteniendo el encanto de una humilde ornamentación de fachada y paredes encofradas donde asoma la madera de la estructura. Urbanismo donde el recuerdo de la Judería pervive en ciertos topónimos. En el corazón de este viejo y entrañable Utiel está la monumental iglesia de la Asunción, datada su construcción en el siglo XVI, notable por su volumen interior y origen gótico, sobrio recinto de elegante arquería, completando el conjunto arquitectónico realizado durante varias épocas y estilos, una esbelta torre de 46 de metros de altura. Un oculto urbanismo, subsuelo del Utiel histórico, tiende la trama de cuevas, bodegas y un sugestivo laberinto de pasadizos.

El Almázar. Museo de la Miel y de la Cera – El vetusto caserón de Almázar, sede de la Cofradía de San Isidro Labrador, alberga una sorprendente prensa de origen medieval que se utilizaba para la extracción de la cera de los panales de miel. Un monumental mecanismo único en España, combinación de una pesada y larga viga que actuaba de palanca, una pesada piedra caliza tallada como prensa, más otros dispositivos auxiliares que por su rareza merecen una visita. En el edificio está instalado el museo de la miel y de la cera, dos producciones que en el pasado fueron motores de un notable desarrollo económico local.

Museo del vino de la Comunidad Valenciana. La bodega Redonda.- Utiel como Requena ha vivido la evolución de sus cultivos y producciones, la agricultura del secano, la ganadería, la miel, la seda, destacada producción en el siglo XVIII, y el vino. El vino es en la actualidad el distintivo comarcal, tras un proceso de reconversión en el que ha tratado de sustituir una producción y venta basada en la cantidad, para pasar a un porcentaje cada vez mayor de una producción que busca la calidad como objetivo, con la denominación de origen como enseña y garante de la excelencia de su elaboración. La Bodega Redonda, un edificio singular construido en el año 1891, que toma su nombre de su estructura circular, es la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Utiel-Requena. La antigua bodega ha pasado a ser museo del vino, con una cuidada y excelente exposición, bien documentada sobre los ciclos y procesos del vino, colecciones, etnografía, historia… además de contar con visitas guiadas por especialistas. Una visita que no hay que perderse.

En principio, la integridad del edificio ya es un documento del tratamiento y maduración del vino, como una construcción diseñada con arreglo a las exigencias productivas y ciclos naturales enológicos del siglo XIX. La filoxera arrasó la viña en Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, coyuntura que la Plana Utiel y Requena aprovecharon como proveedores de las desabastecidas bodegas europeas. La inauguración en 1885 del ferrocarril Valencia-Utiel fue un factor más de positivo desarrollo industrial y comercial de la comarca. Cuando a su vez la mortífera filoxera se abatió sobre el viñedo hispano (1908-1911), la situación apartada de la comarca la preservó en el tiempo de sus efectos, además de que la uva boval, de mayoritario cultivo en la zona y su resistente cepa ante la plaga, salvo su masiva producción vinícola.

La sierra del Negrete.- Al norte de las poblaciones de Utiel y Requena, las suaves lomas de la sierra del Negrete configuran el límite septentrional de la meseta central de La Plana y la divisoria de aguas. Con una altitud media de 1000 metros, tiene su máxima elevación en el Pico del Remedio, de 1306 metros sobre el nivel del mar. Una carretera desde Utiel llega perpendicular a la sierra y la cruza. Poco antes, un desvío lleva hasta el Santuario del Remedio, construido en el siglo XVI, aunque predomina la obra barroca, debido a la reconstrucción de que fue objeto tras un incendio. Está situado a 1090 metros en la vertiente de Utiel y a pie de monte, en un paraje de suave relieve, cubierto de hermoso bosque, pinos, carrascas y otras variedades de árboles. Un grato entorno y un paisaje diferente al dominante en el resto de la extensión comarcal. Algunos itinerarios senderistas del Sendero de Pequeño Recorrido PR CV 177 y sus variantes, permiten unos gratos recorridos excursionistas y paseos.

Utiel es más: ferias y actos culturales, fiesta…y, su sabrosa cocina, bien dotada por lo productos del terreno y sus especialidades y derivados, de la agricultura y la ganadería, en tierras de clima seco y duro, lejos del atempero del mar. Y para templar todavía más la calma y serenidad que debe acompañar la visita a la noble Utiel, siempre un vino, sabor y color profundo de la madre tierra.

Rafael Cebrián Gimeno.

 

 

LA GASTRONOMIA DE ANDORRA

La estratégica situación del Principado determina que sus restaurantes y hoteles ofrezcan al visitante la más exquisita cocina del momento. Hay más de trescientos diez (310) restaurantes y trescientos treinta y ocho (338) cafeterías-snack bar, de los que se puede encontrar amplia información en la Guía de Restaurantes de Andorra, disponible en la red de oficinas de turismo del Principado: www.andorra.ad. Para los amantes del arte culinario, Andorra también ofrece comercios especializados en productos gastronómicos de primer orden.

Pero ello no es óbice para que exista una genuina cocina andorrana, que también se puede degustar. Las raíces de esta cocina andorrana hay que buscarlas en la manera de vivir de los habitantes del país hasta comienzos del siglo XX, basada en un rico ganado vacuno y de ovejas, y en pequeños animales domésticos. Consecuentemente, uno de los alimentos básicos era la leche y sus derivados, fundamentalmente el queso, cuyas variedades eran numerosas en otro tiempo. Uno de los más apreciados y que todavía se elabora es el “formatge de tupí”.

En la mayoría de casas se criaban gallinas, que proporcionaban huevos y carne para hacer caldo. También solían tener conejos y, los más acomodados, palomos. Sin embargo, el animal por excelencia era el cerdo, con cuya matanza (normalmente en el mes de diciembre), las casas andorranas obtenían una gran variedad de embutidos y de carne confitada o salada. Entre los embutidos destaca la donja, la bringuera, los bulls, la llonganisa y las botifarres. Otro producto del cerdo muy apreciado era el jamón, con el cual todavía se elaboran hoy tostones con miel.

El trinxat es uno de los platos más típicos que se elabora con verduras y hortalizas, y se prepara con col verdal, patatas y unas rebanadas de tocino o un arenque. La col, sobre todo la de cogollo o repollo, es muy apreciada también en la escudella, aunque puede ser sustituida por habas o guisantes secos, por la alubia tierna o por las espinacas salvajes.

Hasta mediados del siglo XX la caza tuvo considerable importancia, dado el relativo equilibrio que se mantenía entre el número de cazadores y el volumen de caza. Los “civets” de jabalí, de gamuza y de liebre, guisados con vino o chocolate, y los arroces con “esquirol” (ardilla), son los más conocidos.

En cuanto a la pesca se puede saborear la trucha de rio andorrana, que se prepara con almendras.

Los bosques y prados ofrecen cantidad de hongos, que se pueden saborear a la brasa, en tortilla o guisados, como acompañamiento.

Otros platos andorranos, sencillos pero sabrosos, son las “coques” (tortas), les amanides (ensaladas), los caracoles, el bacalao, etc.

Estos platos tradicionales de la cocina andorrana están aún presentes en las “bordas”, antiguas casas tradicionales de alta montaña, donde antiguamente se guardaba el grano y el ganado. Una veintena de de estas construcciones han sido transformadas y acondicionadas como restaurantes donde, además de la cocina tradicional andorrana elaborada con productos de primera calidad, se disfruta de una arquitectura peculiar y e una decoración cálida y acogedora.

Francisco Gregori

Algunas fotografias han sido cedidads por cedidas por Andorra Turismo SAU

EL PARQUE MARÍTIMO TERRESTRE DE LAS ISLAS ATLÁNTICAS DE GALICIA.

Un rosario de islas e islotes tendidos de norte sur frente a las Rías Baixas de Galicia y un espacio marítimo delimitado de su entorno, constituye el Parque Natural de las Islas Atlánticas. Cuatro archipiélagos, Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada, cumbres y crestas rocosas que emergen sobre los fondos marinos de una cordillera sumergida en el mar y alineada a modo de pantalla entre el litoral continental y el anchuroso océano. Su peculiar disposición de alargada y estrecha barrera determina dos contrapuestas vertientes en su exposición a los agentes atmosféricos y confiere características propias el medio natural, diversificando la riqueza de sus ecosistemas marítimos y terrestres, dotándolos de un elevado valor ecológico. A poniente una fachada granítica de cantiles y de acusadas pendientes, batida por el oleaje, los fuertes vientos y la violencia de los temporales; mientras que a sotavento, cara a tierra mirando al amplio valle sumergido de las rías, las fuertes corrientes apaciguadas depositan finas arenas que dibujan deliciosas playas abiertas en forma de media luna, al amparo de aguas sosegadas y cristalinas. Tierra, peñascos, cantiles y limpias playas en la alternancia de calas, arrecifes y rompientes en sus recortadas orillas, configuran el paisaje isleño modelado por el viento y el mar, el mar eterno y luminoso, su pureza e intenso azul, como esencia y contrapunto.

Tierra, roca y agua.- La variada y compleja morfología terrestre y marítima del ámbito del Parque, la vida inducida por la insularidad y la permanente influencia del mar, dotan de una inmensa riqueza natural a estos espacios protegidos y que, junto con el archipiélago de Cabrera en Mallorca, es uno de los dos Parques Nacionales Terrestre Marítimos. Las formaciones de resistente roca granítica que estructura los archipiélagos, el viento, la acusada pendiente de las laderas, suelos diferentes y la permanente salinidad, son los elementos básicos en los que se desarrolla una vegetación y fauna rigurosamente seleccionada, de especies vegetales y endemismos, tras la selectiva aclimatación a un medio adverso de condiciones excluyentes. Y, en cuanto al medio marino, oculto a la mirada bajo su movediza superficie, la colorista y vivaz naturaleza de las profundidades es el albergue de miles de especies y el lugar más desconocido para el hombre. Fondos rocosos o de arena, desiguales profundidades en una desnivelada orografía submarina y la influencia interrelacionada del mar abierto y las recogidas rías, proporciona la variedad de hábitats y factores de elevada biodiversidad básicos para el desarrollo y establecimiento de múltiples comunidades piscícolas y vegetales. Por su relevante valor ecológico, paisajístico y culturalmente arraigado con la economía, tradiciones y raíces gallegas, el ámbito marino es el de mayor extensión protegida del Parque.

La vida en los acantilados: La inaccesibilidad de los relieves marinos dota de protección natural a la avifauna, el mundo animal mejor adaptado al severo espacio de las verticales, en un relieve donde guarecerse y que los pone a salvo de los depredadores terrestres. Vivaces colonias de avifauna, miles de aves posadas o en vuelo, convierten la aspereza mineral de los acantilados en reductos llenos de vida. Reposo y refugio en el roquedo, donde, como es habitual, son dominantes las gaviotas en sus variadas especies, siempre presentes por su capacidad de convivir con el hombre. La llamativa gaviota es por excelencia el inquilino de los abruptos frentes marinos, las aves más numerosas y fáciles de ver, en reposo o evolucionando entre las rocas, el mar y el cielo, con sus gritos armonizados con el incesante rumor del oleaje, sonidos conciliados que forman parte en nuestro imaginario de las tierras que miran al mar. Los cormoranes, alcatraces y otras especies, conforma colonias de importancia internacional, junto a la fauna terrestre, comunidades cuya particularidad proviene de su aislamiento, sin intercambio con la fauna continental en un medio ambiente que ha permitido la conservación de características propias. El Parque cuenta con la consideración ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves).

La presencia humana en los archipiélagos.- Desde la Edad del Bronce hasta mediados del siglo XX las islas estuvieron habitadas. Por distintos motivos estos territorios fueron ambicionados y poseídos por nobles, la iglesia y el ejército. Desde la Prehistoria existen testimonios de la presencia estable del hombre en las islas: celtas, romanos, en la Edad Media…y, de manera ocasional y como estratégico refugio en las calas, al abrigo de los fuertes temporales atlánticos, se ocultaron piratas, corsarios e invasores, incursiones normandas y vikingas, en anclajes de conveniencia como base de operaciones para las expediciones de conquista y saqueo. Castros pre romanos y romanos, monasterios de la Edad Media, ermitas, fortificaciones…, los faros y su control por fareros y sus familias, pequeños poblados de agricultores y pescadores en régimen de supervivencia, son testimonios de la historia del hombre asociada a la penuria isleña a lo largo de siglos. En varias ocasiones sus habitantes tuvieron que abandonarlas buscando el amparo continental que no tenían en sus lares de origen. En la actualidad solamente la isla de Ons mantiene una escasa población permanente: no es fácil convivir con el largo invierno atlántico. En otros lugares, la presencia humana en las islas ya es solamente de carácter estacional y en función del turismo.

La dependencia al medio natural en la supervivencia, el aislamiento y un clima adverso ha determinado formas de vida culturalmente propias, en las que se integran creencias y supersticiones fomentadas por la soledad social de las pequeñas comunidades. En las aguas entorno de los archipiélagos de un mar difícil, naves hundidas, embarcaciones de todo tipo a lo largo de los siglos, encontraron el fin de sus singladuras en los peligrosos bajíos rocosos. Un cementerio de barcos en los frentes rocosos, acantilados y rompientes, escollos que han sido la tumba de muchos marinos. La última y trágica reseña del drama del mar fue el hundimiento del petrolero Prestige, el 18 de noviembre de 2002, el mismo año en el que se inauguraba el Parque. El fuel liberado en el naufragio, de alta densidad y viscosidad, extendió la desolación sobre la pureza del mar, la pesadumbre y la degradación de los paisajes marinos y la ruina de muchas personas que perdieron en el desastre su medio de vida. La limpieza fue la actuación prioritaria llevada a cabo en distintas actuaciones, básicamente realizada a mano y en parte sostenida por la desinteresada actuación del voluntariado. En la actualidad solamente quedan manchas de fuel solidificado, una mínima superficie en fondos marinos, ocultas a la mirada, mientras que el extenso espacio terrestre marítimo del Parque ha recuperado la belleza e integridad de sus paisajes y la animada vida de sus ecosistemas, valores ahora al cuidado de un competente equipo que lleva a cabo su cometido con profesionalismo y entrega vocacional.

Al paso del tiempo las islas han cambiado de dueño y de administraciones, hasta los momentos actuales en los que, desde el año 2000, en su conjunto ha pasado a ser Parque Nacional Marítimo Terrestre. Una consideración restauradora y conservacionista de normativa institucional proteccionista, de sensibilización y respetuosa relación del ciudadano con el medio natural y el legado cultural depositado en este valioso ecosistema Atlántico. El conjunto de los cuatro archipiélagos son ahora un espacio de acogida ciudadana, de enseñanza y de concienciación. Después de su larga historia humana, no siempre pacífica, la belleza de sus paisajes, la riqueza viva del medio y el patrimonio cultural humano, son ahora un regalo para el turismo y un deleite de los sentidos para el visitante.

La visita a las islas.- Vigo y Pontevedra son dos buenos puntos de partida para estas excursiones, no los únicos. En ambas poblaciones y su inmediato entorno, su notable acumulación patrimonial ofrece amplia oferta complementaria al encanto de las islas. Hay barcos de servicio público que llevan a embarcaderos en islas principales. En Ons hay un camping. Si el tiempo es bueno, las encantadoras playas, de blanca y fina arena nos trasportan en la imaginación a las idílicas orillas del Caribe. Y, el Excursionismo a pie en las islas -paso a paso como la mejor manera de conocer el medio natural y disfrutar de la observación de la vegetación y de las aves-, cuenta con la base de un entramado senderista bien resuelto, de caminos de uso libre, señalizados y documentados con mesas de lectura del paisaje. Recorridos fáciles y que es aconsejable estén precedidos por la visita a los centros de interpretación que ayudan a una mejor comprensión del mundo que se abre ante nuestros pasos. Otras actividades, más selectivas, son posibles, tales como la navegación a vela y el buceo.

Archipiélago de Cíes.- El relieve de las islas Cíes tipifica expresivamente la peculiaridad en la posición de las islas y su relieve característico a dos vertientes contrapuestas en su orientación. Por un lado la fachada a Poniente, a mar abierto, con acantilados hasta de 150 metros de altura. Y la opuesta, más suave mirando hacia la Ría de Vigo, con delicadas playas abrigadas en forma de media luna, de blanca, limpia arena y aguas sosegadas. Restos de un castro y las ruinas de un monasterio, tres faros y un antiguo poblado, son legados humanos de la difícil permanencia en el rigor climático del Atlántico. La isla principal cuenta con un camping y restaurante, y encantadoras y fáciles rutas senderistas señalizadas que llevan a los puntos de mayor valor paisajístico, de observación de las aves y hasta su punto más elevado, 175 metros sobre el nivel del mar en el Faro de Cíes.

Archipiélago de Ons.- Es el de mayor superficie del conjunto del Parque y único que cuenta con una población permanente, muy reducida y subordinada básicamente en su subsistencia al turismo, manteniendo, no obstante, las viejas tareas artesanales de campo y pesca, pero ya solamente de manera testimonial. Está frente a la Ría de Pontevedra, es de escasa altura y su relieve interior más suave, difiere de las Cíes, con terrazas que han permitido su uso agrícola, labrantíos de subsistencia, dedicados preferentemente a los cereales, maíz y patatas, productos complementario de las actividades pesqueras en las frugales economías domésticas de los isleños. Sus habitantes siempre fueron muy pocos, enfrentados a recursos muy limitados por la adversidad climática y el aislamiento. Se agrupan en aisladas casitas bajas de techo para mejor resistir la fuerza de los vendavales y, también, por esta razón, ubicadas a sotavento, cara hacia la Ría de Vigo. Casas muy sencillas de una sola planta, y entre las casas y los campos, exentos, los pintorescos hórreos, convertidos en la actualidad en auxiliares de las viviendas, una vez que su antigua función de preservar los alimentos de los roedores y de la humedad, se ha hecho innecesaria. Allí está el Centro de Interpretación del Archipiélago, junto a las casas y ante la playa y embarcadero. Antiguas embarcaciones de los lugareños, ahora varadas, fueron auxiliares imprescindibles ante un medio proveedor básico de la dieta isleña. Unas embarcaciones peculiares de fondo plano y cortante proa, la Dorna, según la denominación local, una herencia en su diseño de las naves normandas y vikingas, adaptadas por los naturales en sus artes de pesca y hoy un testimonio de la alternancia de la agricultura con los trabajos del mar.

Archipiélago de Sálvora.- Con formas predominantes de granito redondeadas por la erosión del viento y del agua, la irregularidad de su relieve se manifiesta en un conjunto de islotes que contrasta con el paisaje relativamente plano de la isla de Sálvora, la más grande, situada a la entrada de la Ría de Arousa. Al norte de la isla hay un pueblo abandonado.

Archipiélago de Cortegada.- El conjunto de islotes e islas es de relieve suave y, por su posición en el interior de la Ría de Arousa, frente la desembocadura del río Ulla y sin la influencia del mar abierto, difiere del resto de archipiélagos componentes del Parque, claramente posicionados ante el extenso océano. Esta situación menos expuesta a la violencia del mar y sus fuertes corrientes, en el encuentro de sosegadas aguas marinas y dulces del río, ha inducido otras manifestaciones de vida subacuática que, unido a la proximidad a tierra y más cómodo acceso, se han integrado en las explotaciones pesqueras de la ría.

Rafael Cebrián Gimeno.